Reporte de inteligencia

Lástima que los juicios orales no pueden ser grabados

Pablo César Carrillo

Es una pena. Los nuevos juicios orales son un cambio fundamental en el sistema de justicia penal mexicano, pero no pueden ser contados, con precisión, porque no son grabados. Está prohibido meter cámaras. No hay imágenes que puedan contar lo que ocurre en una audiencia pública.

Esa disposición impide que los ciudadanos dimensionen lo que está ocurriendo en los tribunales. Ayer acudí a la audiencia de los 3 jóvenes acusados de asesinar al taiwanés Chiw Wei Tin, y me quedé helado. Es la primera vez que asisto a un juicio oral, después de haber cubierto cientos de juicios tradicionales en tribunales locales y federales.

Es muy diferente. Antes, los reporteros podíamos entrar con cámaras fotográficas y tomar imágenes de los acusados en la reja, mientras les leían las acusaciones. Ahora te quitan las cámaras desde la entrada del tribunal y las tienes que dejar en un locker, bajo llave. No entra una cámara de video ni de broma. Los acusados tienen derecho a no ser fotografiados.

Así que resulta decepcionante no poder contar lo que ha ocurrido. La joven edecán, Paola Negrete, por ejemplo, es una chica muy bella, de cabello negro y tez blanca, con una figura atlética, que da la impresión de ser una persona honesta y decente, pero que está acusada de asesinato. Ella parecía la estrella de un desfile de modas y no una residente de la cárcel. Antes, el fotógrafo tomaba una placa y todo el pueblo sabía cómo era ella. Pero ahora es imposible.

El otro acusado, Germán Morales, es muy joven, apenas tiene 22 años, pero es también presunto asesino. Germán tiene un semblante duro. Se ve que es un muchacho que ha vivido demasiado rápido. Basta decir que es la segunda vez que se ve involucrado en un asesinato, aunque la primera vez sólo acompañaba a otro joven cuando fue ejecutado. Germán es nacido en Los Ángeles, California, pero sus padres son mexicanos. Nadie puede ver su fotografía hasta que sea declarado culpable, si es que eso ocurre.

La audiencia es pública –cualquier persona puede acudir al juzgado-, pero no puede difundirse una imagen de manera masiva en un periódico o en una televisora.

Todo queda en el tribunal. El juez además tiene que mostrar dominio de la escena y las leyes. El juez es un protagonista del juicio. Él lleva el ritmo de la audiencia y toma decisiones. Los fiscales dan sus argumentos, ante los acusados, y el asesor jurídico debe responder. Eso obliga a todos a estudiar el expediente, de lo contrario, serán exhibidos. Un policía, en tanto, pone orden en la sala.

El juicio oral es desconcertante. Los mismos agentes del Ministerio Público, tienen dudas. Los abogados defensores tienen dudas. Muchas cosas han cambiado. Por ejemplo el abogado defensor cobra por audiencia y no por caso. Eso ha disminuido sus ingresos. El abogado particular no sabe cuánto cobrar por audiencia y como es un solo día de trabajo, el cliente tampoco desea pagar demasiado.

Ojalá todo el pueblo pudiera ver los juicios. Son solemnes, formales y respetuosos. Pero para tener una idea clara, todos tendríamos que acudir a los tribunales, un día de estos, a conocer la nueva forma de impartir justicia en México.

Póngalo por ahí como pendiente:

Usted tiene que asistir a un juicio oral.

Va a quedar impresionado.

pablo.carrillo@milenio.com

OPINIONES MÁS VISTAS