Visión Social

Proyecto global

Pedro Miguel Funes Díaz

El pasado 13 de mayo los obispos de México presentaron el “Proyecto global de pastoral 2031+2033” que ofrece las guías del trabajo que los obispos piensan desarrollar los próximos años, hasta llegar al 2031 y al 2033; es decir, un proyecto que se extiende por más de una década. Los años señalados son las conmemoraciones de la redención, el 2033, y de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, el 2031.
El 2030 se cumplen 2000 años de que los cristianos, siguiendo el calendario actual, celebraremos la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, en el año 33 de nuestra era. Se trata de una fecha “oficial”, pues es sabido que cuando Dionisio el Exiguo hizo el cálculo y se introdujo el cómputo que hoy seguimos usando, tuvo algunas imprecisiones. El caso es que es una conmemoración sumamente significativa. Por otro lado, desde las apariciones de la Virgen de Guadalupe de 1531 habrán transcurrido ya 500 años.
El documento no pretende sustituir planes y formas de trabajar de cada diócesis, sino de “ofrecer una luz que pueda ayudar a responder a estas preguntas fundamentales que nos interpelan: para los mexicanos ¿qué significa celebrar en la fe? y ¿qué significa celebrar ahora, después de dos milenios de la Redención de Cristo y medio milenio del Acontecimiento Guadalupano? siendo una comunidad de discípulos, testigos de la plenitud de vida y del consuelo que ofrece a todos el Hijo de Santa María de Guadalupe”.
Vale la pena notar que, en las preocupaciones de los obispos, explicitadas en este documento, se hallan varias de naturaleza social. Ya sabemos que se proponen desde una perspectiva de fe y como una propuesta no partidista, por lo cual resultaría muy conveniente conocerlos y comentarlos. De hecho, como con tantos documentos con contenido social, este también se dirige, además de los fieles católicos, a todos los hombres de buena voluntad.
Buscando continuidad con las enseñanzas del Concilio Vaticano II y respondiendo al llamado del Papa Francisco, los obispos elaboraron este plan tratando de ir más allá de las coyunturas y criterios circunstanciales. Después de echar una mirada a la realidad global y de procurar interpretar los acontecimientos a la luz de la fe, en la tercera parte se propone la opción por una Iglesia que anuncia y construye la dignidad humana, comprometida con la paz y las causas sociales, por ser una Iglesia-Pueblo, misionera y evangelizadora, compasiva y testigo de la redención, que comparte la tarea de hacer un país lleno de esperanza, alegría y vida plena.

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