Hormigas

Poesía en voz alta

Porfirio Hernández

La lectura de poesía siempre será bienvenida. Quizás la haga el encumbrado escritor o el novel estudiante; quizás la escuchemos en la radio o en el cafetín del centro. Tal vez el tío, la abuela, el hermano saben de memoria unos versos de Pablo Neruda o Rubén Darío, que nos acercan a verdades olvidadas en la alacena de nuestra propia historia.

No importa quién la ponga en escena: la poesía siempre será bienvenida, porque su lectura convoca palabras de múltiples significados, por las que el tiempo no corre igual que todos los días. Escuchar poesía equivale a introducirnos en el relato esencial de lo humano, que se detiene cada vez sin importar cuándo. El pensador rumano Mircea Eliade definió esa suspensión temporal como un tiempo sagrado, “un Tiempo mítico, un Tiempo primordial (inidentificable con el pasado histórico), un Tiempo original en el sentido de que ha surgido «de golpe», de que no le precedía ningún Tiempo, porque no podía existir Tiempo alguno antes de la aparición de la realidad relatada por el mito”, al referirse a la fiesta religiosa.

Leo esa descripción y me parece muy semejante a la lectura en voz alta de poesía. He visto grandes auditorios, pletóricos de escolares, escuchar en absoluto silencio y atención los versos del rey Nezahualcóyotl sobre la fugacidad del tiempo y de la vida. ¿Cómo describir las emociones que genera una imagen poética dicha con plenitud, a voz de cuello? El grito es también parte de la iniciación en la lectura de la poesía, pues así fue en sus inicios la épica oral de los aedos, que cantaban las hazañas de los héroes y los dioses de la Grecia antigua...

Pienso en todo eso mientras leo el anuncio del segundo Festival Internacional de Poesía “José María Heredia y Heredia” (el gran poeta joven de Hispanoamérica),a celebrarse en la ciudad capital del Estado de México del 24 al 28 de septiembre de este año, con la presencia de 158 poetas provenientes de 31 países, quienes leerán su obra ante públicos amplios y, estoy seguro, ávidos de escuchar poesía.

El primer año tuvo buenos resultados, aunque no medibles cualitativamente. ¿Cómo saber si de la convivencia espontánea con la poesía alguien cambia su percepción de ésta e incluso inicia o mejora su camino de creación propia? El esfuerzo, sin embargo, es notable, pues el simple hecho de acercar a los forjadores de imágenes verbales con públicos variados constituye una oportunidad de transformación que cada quien aprovechará como mejor le convenga.

La poesía es bienvenida. Y sus lectores la esperamos con expectación.

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