Antilogía

¿Cuánto debe ganar un legislador?

Ricardo Monreal Ávila


El costo de la política y de los políticos está a debate en casi todas las democracias contemporáneas. Es la forma como los electores de Inglaterra, Indonesia, Argentina y México, entre otros, están pasando la factura antisistema a quienes no cumplimos sus expectativas.

En términos de contabilidad gubernamental, vender el avión presidencial, cancelar las pensiones de los ex presidentes, recortar el gasto a la partidocracia, así como a los altos servidores públicos de los tres Poderes de la Unión, tal vez no resuelva la falta de fondos para el desarrollo, pero sí atiende en la dirección correcta la falta de anclajes reales y simbólicos, entre los representantes ciudadanos y sus representados.

En este contexto, ¿cuánto debe ganar un legislador en México? Hay por lo menos dos criterios: uno netamente económico, de mercado, y otro propiamente ético o de legitimidad política.

El criterio de mercado nos remite a un trabajo profesional, especializado y de tiempo completo. Para determinar este ingreso se toma en cuenta una combinación de factores: oferta-demanda de dichos profesionales; el costo de la vida (IPC); meta de inflación; contribución de los salarios al ingreso nacional; productividad de la economía.

El segundo criterio, el ético o de legitimidad política, nos señala que el representante electo debería ubicarse en la media del ingreso económico de sus representados. Es la “honrosa medianía” juarista, pero es también el criterio estadístico inicial para determinar el ingreso base de un “servidor público”.

¿Qué significa esto en pesos y centavos? Que si el promedio de ingreso de los hogares más pobres del país fue de 91 pesos diarios y el de los hogares más ricos fue de mil 876 diarios, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (2016), un ingreso justo medio sería de 892.50 pesos diarios, o 26 mil 775 pesos mensuales. Si consideramos que un legislador ejerce un trabajo altamente especializado y capacitado, entonces podríamos ubicarlo en el promedio de los deciles más altos, donde el ingreso diario alcanza hasta los mil 785 pesos, o 53 mil 550 pesos mensuales.

¿Qué pasa actualmente? Que el ingreso de un diputado alcanza los 149 mil 230.32 pesos mensuales (sumando prestaciones y apoyos), mientras que el de un senador asciende a 171 mil 444 pesos mensuales en promedio.

¿Cuántos mexicanos ganan este ingreso? No más de 100 mil, de los 53 millones de mexicanas y mexicanos que integran la PEA. Hay un desfase abismal entre los ingresos de los representantes populares y sus representados, lo que evidencia una distorsión que deslegitima socialmente la función legislativa.

Este abismo se dimensiona mejor si comparamos la proporción entre el ingreso medio de un legislador y el salario mínimo en otros países. Mientras la distancia entre el salario mínimo en México y el ingreso de un legislador es de 57 veces, en Brasil es de 43, en Colombia de 40, en Chile de 37, en Argentina de 23, en Paraguay de 22, en Uruguay de 21, en Ecuador de 14, en Estados Unidos de 12, en Bolivia de 11, mientras que en España y Panamá es de 7 veces.

Si la próxima legislatura está contra la desigualdad, una buena señal será reducir la brecha entre el ingreso de los representantes populares y el ingreso de sus representados. La otra opción es una acción afirmativa ascendente: subir el salario mínimo a los casi 8 millones de trabajadores que se ubican en el sótano salarial. Aunque lo deseable y posible es una combinación de ambas medidas: bajarle a los de arriba y subirle a los de abajo. 

ricardomonreala@yahoo.com.mx
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