Antilogía

¿Guardia Nacional = a militarizar?

Ricardo Monreal Ávila

Si “militarizar” es el proceso continuo de “acudir a las fuerzas armadas para combatir las amenazas internas a la seguridad ciudadana”, como el crimen organizado, entonces debemos concluir que el país está militarizado desde hace dos décadas, cuando se recurrió a las fuerzas armadas para declarar una guerra contra las drogas, sin un plan eficaz ni una estrategia efectiva, a juzgar por los resultados ya bien conocidos (incremento de violencia, ejecuciones, personas desaparecidas, desplazamientos forzados, adicciones y delitos de alto impacto).

En este sentido, la iniciativa de crear una Guardia Nacional está lejos de ser el detonador o el gatillo de un proceso de militarización en el país. Al contrario, es una propuesta para encauzar, redirigir y dar organicidad a la lucha contra la inseguridad y la violencia, desde bases constitucionales e institucionales más sólidas.

De inicio, la Guardia Nacional es una figura que está contemplada en dos constituciones sucesivas, las de 1857 y 1917, sin que se hayan desarrollado sus capacidades legales, institucionales, organizativas y presupuestales como cuerpo de seguridad. No es un invento; es una figura prevista, pero no desarrollada.

Tal como la propone el presidente AMLO, la Guardia Nacional es una fuerza de seguridad intermedia entre el diseño militar clásico desarrollado para guerras convencionales, y los cuerpos civiles de seguridad pública estructurados para enfrentar amenazas no tradicionales o de mayor violencia que la delincuencia común, tales como el terrorismo, la delincuencia organizada y el narcotráfico, entre otros.

Actualmente, una cuarta parte de países en el mundo (47 de 194 naciones soberanas), la mayor parte de ellos considerados como democracias consolidadas: Estados Unidos de América, Francia, Alemania, España, Italia, Australia, Japón y Corea del Sur, entre otros, disponen de una “fuerza de seguridad intermedia” que recibe denominaciones varias: Guardia Nacional, Guardia Civil, Policía Nacional, Carabineros, etcétera.

Todas ellas tienen como característica común la disciplina, la organización y el adiestramiento militar, pero los parámetros de conducción, evaluación, calificación y fiscalización son civiles.

El carácter civil de la nueva Guardia Nacional está garantizado por el hecho de que el comandante supremo de las fuerzas armadas es un civil electo: el Presidente de la República; el reclutamiento no se realiza de manera cerrada entre cuarteles, sino de manera abierta entre la población civil; la capacitación contempla una fuerte formación en el respeto a los derechos humanos y el manejo acotado de la fuerza letal; no hay fueros corporativos o de excepción para sus integrantes, y el procesamiento de faltas o abusos de autoridad corre a cargo de la justicia civil, no de tribunales especiales, entre otras diferencias con los llamados regímenes de seguridad militar.

Sin embargo, la mejor estrategia de seguridad no es propiamente policial o militar, sino social y económica. La fórmula 80-20 (80%, programas sociales y desarrollo económico; 20%, reformas al sistema de seguridad, procuración y administración de justicia) es el mejor antídoto contra la militarización y el punto de quiebre con las estrategias de seguridad de los últimos años.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
@RicardoMonrealA

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