Antilogía

Los otros ‘TLC’

Ricardo Monreal Ávila

Al Tratado de Libre Comercio de América del Norte recién revisado le faltan tres aduanas importantes: la integración de Canadá, la aprobación del Congreso estadunidense y la ratificación de la permanencia de EU en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Hasta entonces se podrá afirmar que el proceso ha concluido y que el nuevo acuerdo está listo para ser aplicado.

Para algunas personas, la versión 2.0 del TLC dada a conocer es un retroceso respecto a la versión anterior. Para otros, haber llegado a un acuerdo (cualquiera que fuere) es en sí mismo un avance respecto al escenario de salida inminente anunciado por el señor Trump desde su campaña.

La realidad es que la cancelación del TLC era el peor escenario político y económico para todos los gobiernos involucrados de la región, así que la sola presentación de un acuerdo (aunque sea “malo” en algunos de sus capítulos) es, al final del día, un avance.

Lo importante para México y para el gobierno que está por iniciar es qué hacer ante el escenario de un creciente proteccionismo de nuestro vecino, una posible guerra comercial de EU con China, y una reconfiguración tecnológica de la economía y de la energía a escala mundial.

Lo que se puede hacer en lo inmediato es retomar los otros TLC que están desactivados o subutilizados. El país ha suscrito 12 tratados de libre comercio con 46 países, 32 acuerdos para la promoción y la protección recíproca de las inversiones (Appri) con 33 países y nueve acuerdos de complementación económica y acuerdo de alcance parcial en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), además de su participación activa en la OMC, en el mecanismo de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Formalmente, somos de los países más abiertos al libre comercio, pero materialmente somos de los más dependientes y vulnerables, al concentrar 78 por ciento de nuestros intercambios en una sola nación.

Activar esta red de tratados de comercio y foros internacionales de cooperación nos ayudaría a mitigar y a suplir la alta dependencia que tenemos respecto de nuestro principal socio, que está renuente a seguir siéndolo, por entendibles razones soberanas internas.

La diversificación del comercio y las inversiones ayudaría también a concretar con mayor facilidad algunos de los proyectos de infraestructura más importantes de la próxima administración. Por ejemplo, la construcción del corredor industrial y comercial transísmico, el tren turístico transpeninsular del sureste y las inversiones en energías alternativas (eólica y solar), encontrarían mejores aliados en Asia-Pacífico y en América Latina que en el norte del continente americano.

Hay, por lo menos, cuatro áreas que podrían mejorar también con la diversificación de nuestro comercio y las inversiones, y que son prioridades del próximo gobierno: la regeneración del mercado interno, la reconstitución de la política industrial, el relanzamiento productivo del campo y, sobre todo, el fortalecimiento del ingreso salarial de la población económicamente activa: precisamente, las áreas que resultaron debilitadas durante la vigencia y aplicación del primer TLC.

En un mundo creciente e irreversiblemente globalizado, la independencia y el desarrollo de las economías nacionales no pasa por la autarquía ni la dependencia de los intercambios respecto de un solo país, sino por la diversificación equilibrada de sus vínculos comerciales y de inversión.

Si durante 25 años solo tuvimos ojos para el norte, es la hora de ver y reencontrarse con los otros puntos cardinales.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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