Antilogía

Nuevo paradigma petrolero

Ricardo Monreal Ávila

Tengo cuatro décadas de seguir de cerca y de lejos los aniversarios de la expropiación petrolera. Al alimón, recuerdo tres: el de López Portillo donde anuncia la “administración de la abundancia”, gracias al boom energético que presumiblemente sacaría a México de la pobreza; el de Salinas de Gortari de 1989, cuando anuncia la “segunda expropiación” petrolera al quitar a “la Quina” y al sindicato petrolero su presencia omnipresente en la paraestatal; y el de 2014 de Peña Nieto al anunciar el regreso de México al escenario petrolero mundial, gracias a la reforma energética que traería miles de millones de dólares en inversiones y empleos.

El boom terminó en un crack devaluatorio; la “segunda expropiación” en una nueva privatización; y la apertura reformadora en una nueva dependencia energética y caída de la producción.

Lo anunciado ayer por el presidente AMLO en Palacio Nacional y en la refinería de Tula en el 81 aniversario de la expropiación petrolera representa claramente un deslinde de estas tres experiencias históricas. Es una cuarta etapa, muy acorde con la 4T que impulsa el nuevo régimen. Si en algún punto el actual gobierno debía marcar una diferencia sustantiva era precisamente en la política energética, y ayer lo hizo de manera puntual.

Fue un aniversario en “re” mayor: rescate, regeneración, renovación y relanzamiento de la industria petrolera nacional. ¿Cuáles fueron los anuncios, deslindes y precisiones sustanciales?

1) Se respetarán los contratos suscritos al amparo de la reforma energética; 2) se recupera la rectoría de Pemex en la producción de hidrocarburos (proveerá 80% de la producción de gasolinas, gas y diésel que demanda el país); 3) se anuncia la construcción de una nueva refinería, Dos Bocas, después de 40 años de no construirse una; 4) se rehabilitarán las seis refinerías existentes, con los mismos trabajadores de Pemex, para integrar un sistema de refinación nacional que permita en tres años sustituir la importación de gasolinas; 5) se mantendrá el precio de los energéticos en sus niveles actuales, sin mayores aumentos que la inflación; 6) después de años de no explorar nuevos yacimientos, Pemex invertirá de inmediato en 20 nuevos pozos, buena parte de ellos en aguas profundas; 7) con el combate al huachicol (arriba y abajo) y la eliminación de mordidas, “moches”, sobreprecios y piquetes de ojo, se generarán ahorros hasta de 30% en el presupuesto de la paraestatal; 8) las nueva inversión petrolera detonará el crecimiento regional, especialmente en el sureste; 9) Pemex será más eficiente que las petroleras privadas; 10) se reconoce el esfuerzo y la función de los trabajadores petroleros (aunque no estuvo presente la dirigencia sindical).

Más que una nueva política energética (donde habría que incluir a la otra gran empresa pública que es CFE, para tener el cuadro completo), de lo que se habló con propiedad es de un nuevo “paradigma” petrolero, cuyas coordenadas son autosuficiencia energética; rectoría de Pemex; energía barata; y tolerancia cero a la corrupción. Frente al “pillaje, entreguismo, privatización y dispendio” de la época neoliberal, la 4T pone un barril de por medio.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
@RicardoMonrealA

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