Artículo mortis

La punta del Bartlett

Roberta Garza


Es increíble que el nombramiento de Manuel Bartlett a la CFE haya despertado tanto descontento. Increíble porque el dinosaurio siempre estuvo allí, a la diestra de López Obrador en templetes y mítines, físicamente desde su incorporación al proyecto del Peje y en espíritu desde mucho antes: Bartlett fue un temprano detractor de los tecnócratas que desplazaron a los duros del viejo PRI —que, como él, luego encontraron refugio en Morena—, teniéndole particular desprecio a Zedillo, a quien consideraba débil por sus inclinaciones democráticas: por entregarle sin pelear la Presidencia a la oposición en 2000. Nada de esto era un secreto cuando los mexicanos sufragaron abrumadoramente por el candidato que hizo de Bartlett un senador plurinominal, a contrapelo del voto popular, en 2012.

No falta quien defienda el nombramiento engrandeciendo, primero, la cuestionable oposición del poblano a toda liberalización energética y, segundo, minimizando sus llamados “errores del pasado” como si fueran involuntarios pecadillos. Porque el muy mentado “fraude patriótico” que justificaba Bartlett cuando operaba al servicio de la dictadura, tumbando al sistema y robándonos las elecciones donde contendieron Rosario Ibarra, Maquío Clouthier —¿Les suena el apellido?— y Cuauhtémoc Cárdenas, es solo la puntita. Está además la ristra de horrores, propios del viejo presidencialismo imperial priista, que el senador ejerció con enjundia: represión sistémica y violenta de manifestaciones, asesinato impune de los enemigos políticos del régimen —periodistas como Manuel Buendía o agentes como Kiki Camarena, para proteger al cártel de Guadalajara, nada menos— y, en general, el uso discrecional, autoritario, opaco y generalmente extralegal del aparato policiaco del Estado para extorsionar, presionar, asesinar o censurar.

El New York Times recoge que, cuando Bartlett hizo pública su intención de contender por la precandidatura tricolor en 1998, una reportera le preguntó que si no le preocupaban las acusaciones de haber maquinado el fraude contra Cárdenas. Bartlett, cita el diario, se enderezó y dijo, con voz cargada de ironía: “Estoy muerto de miedo”. Y se echó a reír.

Parece que se sigue riendo.

Twitter: @robertayque

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