Perdón, pero...

La religión de AMLO (y lo que de ella nos debe importar)

Roberto Blancarte

Normalmente, en una República laica, con un Estado laico, como es la mexicana, a nadie le deberían importar las creencias personales de sus dirigentes. Éstas tendrían que ser irrelevantes, para efectos de la gestión pública. Pero estos no son tiempos normales. Tenemos un Presidente electo que dice ser cristiano y seguidor fiel de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús de Nazaret quien, para los cristianos, es Dios hecho hombre, y habría venido a la Tierra hace 2 mil años para sacrificarse y redimir nuestros pecados. Su campaña, por la misma razón, estuvo plagada de referencias religiosas y confesionales, de tonos igualmente redentores y salvíficos, a partir de referencias bíblicas. En tanto candidato, se propuso como un profeta liberador y una especie de supremo guía espiritual, capaz de aglutinar a todos los mexicanos, sacerdote ecuménico, interreligioso e incluso puente (¿pontífice?) entre creyentes y no creyentes. Al mismo tiempo, el hoy Presidente electo se asumió como un seguidor de Benito Juárez, fundador del Estado laico mexicano, quien estableció no solo la separación entre los asuntos (los negocios, se decía en aquel entonces) del Estado y de la Iglesia, sino también la separación entre los asuntos públicos y privados. Por ejemplo, cuando instituyó que aquellas personas con algún cargo público no debían asistir a ceremonias de culto religioso con el carácter de funcionarios. ¿Cómo pretende el próximo presidente mezclar ese champurrado de ideas? Difícil saberlo. Lo más probable es que se siga manejando con esa especie de esquizofrenia ideológica, es decir presentándose con distintos ropajes, según el escenario en cuestión: con un mensaje religioso ante públicos religiosos y con un mensaje secular ante públicos laicos o laicistas. Es en ese contexto que entiendo el cuadernillo que AMLO le habría dedicado al sumo pontífice de la Iglesia católica: “Para el papa Francisco, mi líder e inspiración, por su verdadero interés por los pobres y olvidados. En especial, por su atención a los jóvenes. Con todo mi afecto y gratitud, Andrés Manuel López Obrador”. Me preocupa que AMLO considere “su líder e inspiración” al papa Francisco porque, más allá de las coincidencias señaladas, hay muchos temas en los que el Presidente electo de México no debe considerarlo como tal. A riesgo de que nuestra pluralidad de creencias y muchas de nuestras políticas públicas sean puestas en cuestión.

roberto.blancarte@milenio.com

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