Tiempo vivido

José Guadalupe Posada

Rodolfo Esparza Cárdenas

Cuando fui docente investigador de la Universidad de Zacatecas, fue frecuente que el domingo decidiéramos ir a Aguascalientes a degustar comida yucateca de un famoso restaurante que existe a un costado del parque El Encino en el barrio del mismo nombre (antiguo De Triana) frente a la iglesia de igual nomenclatura y a cuyo costado se encuentra el Museo José Guadalupe Posada, homenaje que los hidrocálidos han tributado al más nacional de los grabadores mexicanos quien a los 61 años de edad muriera un día como hoy del año de 1913. 


Quién en noviembre no revive a La Catrina, grabado de Posada que Rivera inmortalizara en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central que pintó en el restaurante del Hotel del Prado el cual fue derrumbado después del terremoto de 1985; mural que aun puede admirarse luego de un emotivo rescate y en el cual Rivera rindió homenaje a Posada, quien naciera un 2 de febrero de 1852 en un barrio indígena de la antigua Aguascalientes. 


Desde muy joven demostró su habilidad para el grabado y la caricatura cuando fue estudiante de la academia municipal de dibujo; luego se incorporó al taller de su maestro Trinidad Pedroso; tenía apenas 16 años de edad; tres años después publicó su primeras viñetas en El Jicote (1871); ganó una plaza de maestro de litografía en la Escuela Preparatoria de León, donde laboró cinco años, marchando luego a la Ciudad de México donde armó su propio taller. 

Allí elaboró cientos de grabados para numerosos periódicos: 

La Patria Ilustrada, Revista de México, El Ahuizote, Nuevo Siglo, Gil Blas, El hijo del Ahuizote. Su nombre cobró fama, los buenos tiempos le permitió experimentar con nuevos materiales alcanzando éxito con la utilización de planchas de cinc, plomo o acero en sus grabados. 


A partir de 1890, sus trabajos gráficos ilustraron publicaciones de carácter nacionalista y popular: historietas, liturgias de festividades, plegarias, cancioneros, leyendas, cuentos y almanaques, así como el folclor con su propio estilo personificando a los políticos y destacados de la época con sus clásicas calaveras. 

Muestra de su trabajo se encuentra en su museo donde se aprecia un acervo superior a las 3000 piezas en su mayoría de Posada, así como de su contemporáneo y compañero Manuel Manilla y otros destacados grabadores nacionales e internacionales.

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