Music Club

2017-09-11

Rodrigo Ruy Arias

“Ante todo, siempre hay que creer en la propia inspiración”

Arnold Schoenberg


Entiendo dos posturas en el mundo del arte. La primera, apegada al ideal mercantilista. El artista –el de nombre, por supuesto-, llega al extremo de edificarse palacios (Dalí), o de pagar cuentas en los bares dibujando un boceto en la servilleta (Picasso).

El segundo de los casos es la del artista que vive alejado del ideal del dinero, y que incluso llega a un extremo de ascetismo, de negación del éxito monetario. Situación de los artistas Underground.

En la música, Arnold Schoenberg, verdadero contestatario del arte, prefirió la humillación de un público convencional -que llegó al extremo de abuchearlo-, antes que renunciar a su visión personal del arte. La música de Schoenberg provoca el “shock psíquico” al sumergirnos en los universos de la alucinación.

Cito la letra de una de sus obras, Pierrot lunaire, sobre textos de Albert Giraud: Como una pálida gota de sangre tiñe los labios de una enferma/así descansa en estos sonidos un mórbido encanto destructivo/Los acordes de una pasión salvaje turban el frío sueño de la desesperación… como una pálida gota de sangre tiñe los labios de una enferma/Feroz y triunfante, dulce y anhelante, melancólico y sombrío vals/tú nunca abandonarás mis recuerdos/¡Te has adherido a mis pensamientos como una pálida gota de sangre!

A fin de cuentas, en la expresión artística subyace la decisión del autor. Hay quienes se arriesgan a “chocar” con la sociedad a través de temas que lastiman o causan resquemor. Otros, se adhieren a una posible fórmula que los lleve al éxito material inmediato. Eterna lucha de contrarios.

En mi materia de arte, impartida en la Universidad de Guadalajara, procuro la experimentación. En ese sentido, caben las palabras de Roger Schank, psicólogo e investigador computacional de la Universidad de Stanford y de la Universidad de Yale: “La gente que no ve sus actos como experimentos y no sabe interpretar los resultados obtenidos, seguirá avanzando torpemente, aunque tampoco una actitud más activa podría garantizar el éxito deseado. En todo caso, experimentar, siempre…” (Revista Filosofía Hoy, no. 45, p. 22).

Experimentar… y ser un intelectual del arte. Trabajar profundamente el trazo, la mirada, la forma, el sonido. Huir de la charlatanería que tanto empaña el verdadero progreso de los pueblos.

Más hipersonidos en quince.

leverkhun1@outlook.es

Twitter: @AlterRuy

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