Music Club

Columna escrita en una botella

Rodrigo Ruy Arias

El cultivo de la música “arrebata los sentidos…” y nos invita “a volar a las regiones donde no hay ni dolor ni llanto”, nos dice el monje carmelita Manuel Crisóstomo Nájera, en el libro Itinerario del arte en Jalisco, Lecturas para su historia, compilado por el Dr. Arturo Camacho Becerra.

El modelo musical de Palestrina, con su Misa del Papa Marcelo (una especie de réquiem para la muerte de este Papa), contextualiza las palabras de Manuel Crisóstomo. Palestrina propone –a través de la polifonía perfecta-, un acercamiento sereno con Dios.

Publicado por el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, el libro –con estudios sobre arte prehispánico, arquitectura, música, pintura, cine y artes populares-, integra los trabajos de Verónica Hernández Díaz, María Laura Flores Barba, José Alfredo Alcántara Gutiérrez, Cristóbal Durán Moncada, Álvaro Ochoa Serrano, Carmen Elisa Gómez Gómez, y el mismo Arturo Camacho.

La pulcra edición, que contempla fotografías a color en páginas cuché, me remite a los trabajos editoriales de la UNAM.

En el ámbito de la música –el que nos compete, para efectos de esta columna-, escriben Cristóbal Durán, con La escoleta de música de la catedral de Guadalajara. 1691-1750. El Arte de tocar y cantar ordenadamente. Enseñanza y profesionalización de la música en Jalisco. Siglo XIX, de Arturo Camacho y Manual del Mariachi, de Álvaro Ochoa.

“Se le llamó escoleta a la lección de música que se impartía al interior de la catedral (siglos XVI- XVIII), fuese de canto o de ejecución de instrumentos”, señala Cristóbal Durán en su texto (p. 140).

Por su parte, Arturo Camacho realiza un viaje a través del siglo XIX, para reconstruir la evolución de la enseñanza y profesionalización de la música en Jalisco.

Acontecimientos de la vida cultural de la época, como la enseñanza del piano a las señoritas de la aristocracia –lo que suscitó el surgimiento de jóvenes compositoras-, la impresión de manuales de teoría y práctica instrumental, y el merecido homenaje a l@s músic@s que sentaron las bases para una educación académica, son las directrices de este importante documento rescatado por el Dr. Arturo Camacho.

La hermenéutica hace emerger de las aguas de la indiferencia a artistas de la pedagogía, la interpretación y composición, como Jesús González Rubio (1805-1874), el jalisciense esclarecido Clemente Aguirre (1828-1900), Cruz Balcázar (1826-1870), Francisco Godínez (1855-1902) y Tomás Alcázar (1872-1931).

Finalmente, en su Manual de Mariachi, Álvaro Ochoa, describe los orígenes del mariachi, su instrumentación y las “zonas fértiles mariacheras”.

Itinerario del arte en Jalisco, Lecturas para su historia, devela los mapas de un pasado poco explorado en nuestra historia sonora.

leverkhun1@outlook.es

@AlterRuy

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