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"In Memoriam"

Rodrigo Ruy Arias

“Rockdrigo” González (Tampico, 1950, cd. de México, 1985), enarboló siempre la bandera de la contracultura. A los treinta y cinco años, fue víctima del terremoto que sacudió la ciudad de México el 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 de la mañana.

De acuerdo con el Registro Civil de la Ciudad de México, las víctimas ascendieron, aquel negro 19 de septiembre, a 3, 692. De las cuales, 1,899 fueron mujeres y 1, 785 hombres (MILENIO digital, 19/09/2017).

A “Rockdrigo”, un poeta del rock –heredero de la cultura folk de Bob Dylan-, lo sorprendió la muerte en su departamento de la calle Bruselas número 8, en la colonia Juárez.

“Rockdrigo” González dejó una importante discografía. Hurbanistorias –que él mismo promocionaba después de cada presentación y de donde surgió la famosísima rola Estación del Metro Balderas-, El profeta del nopal, Aventuras en el defe y No estoy loco.

Reproduzco unas líneas de Estación del Metro Balderas: Antes de la ruta que me lleva al trabajo/ hoy estoy dispuesto a mandarla al carajo/ Llévame hacia Hidalgo, hacia donde quieras/ pero no me cruces, no…/ por la estación del Metro Balderas.

En 1982, “Rockdrigo”, lanzó su Manifiesto rupestre:

“No es que los rupestres se hayan escapado del Antiguo Museo de Ciencias Naturales ni mucho menos del de Antropología, o que hayan llegado de los cerros escondidos en un camión lleno de gallinas y frijoles. Se trata solamente de un membrete que se cuelgan todos aquellos que no están muy guapos ni tienen voz de tenor ni componen como las grandes cimas de la sabiduría estética, o (lo peor), no tienen un equipo electrónico sofisticado lleno de sintes y efectos muy locos que apantallen al primer despistados que se les ponga enfrente. Han tenido que encuevarse en sus propias alcantarillas de concreto y en muchas ocasiones quedarse como el chinito ante la cultura: nomás milando. Los rupestres por lo general son sencillos, no la hacen mucho de tos con tanto chango y faramalla como acostumbran los no ruprestres, pero tienen tanto que proponer con sus guitarras de palo y sus voces acabadas de salir del ron… son poetas y locochones, rocanroleros y trovadores, simples y elaborados. Gustan de la fantasía, le mientan la madre a lo cotidiano, tocan como carpinteros venusinos y cantan como becerros en un examen final de conservatorio”.

Un gran representante de La contracultura en México, como lo dejara asentado en su libro, el maestro José Agustín.

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@AlterRuy

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