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La brújula del arte

Rodrigo Ruy Arias

La definición de un término siempre motiva la polémica. ¿Qué es arte? ¿Qué es literatura? ¿Qué es música?

“Arte es lo que está bien hecho”, dirán en la Grecia antigua. Entonces, un zapato técnicamente bien realizado: ¿Es arte?

Viene a mi memoria un libro, Teoría literaria de Marc Angenot et. Al, en donde, después de una exhaustiva (y compleja) búsqueda de la definición de lo que es –o pueda ser-, la literatura, uno de los especialistas dictamina: “Literatura es lo que ya todos saben qué es”.

Francisco Moncada García, en su Teoría de la música, define: “Música es el arte y la ciencia de los sonidos”. Surge de inmediato la pregunta: “¿Es la música una ciencia?”.

Algo similar ocurre con el término cultura. ¿Qué es la cultura?

En una vieja película de los 80`s, Times Square de Allan Moyle (que rememoro en especial por la canción Pissing In A River de Patty Smith), una de las protagonistas, una adolescente rockera, le dice a su amiga: “Todo es cultura”.

Quizá eso explique la extrapolación del término, aplicado a expresiones que (desde mi punto de vista), poco o nada tienen que ver con la cultura.

Uno de los enfoques más interesantes sobre la cultura, la ofrece el sociólogo polaco Zygmunt Bauman en su libro Vida lí quida (Paidós, 2013). Acota:

“En la esencia misma del concepto cultura, subyace (…) una relación desigual, asimétrica, de una división entre los agentes y los receptores o sujetos pacientes de la acción de aquéllos (ente los actores y los que soportan el efecto de su actuación); entre los gestores y los gestionados, entre los conocedores y los ignorantes, entre los refinados y los primitivos”. (Ibid, p. 75)

“La miel no se hizo para los cerdos”, espetó Ludwig Van Beethoven, luego de que “la realeza” osara platicar y comer mientras el genio de Bonn ejecutaba una obra al piano.

Más que integrar al todo dentro del término cultura (contrapunteando así la idea de “aldea global” de Marshall McLuhan), sería conveniente darle el lugar que se merece.

Un ser humano culto es el que se preocupa por enriquecer su conocimiento del arte y la historia. La cultura es una actividad que ennoblece, no envilece. Un pueblo orgulloso de su cultura presume sus expresiones artísticas, no la violencia.

No significa tampoco que la cultura lleve la etiqueta de “light”. El artista puede ser el catalizador de la realidad, pero el hecho artístico contiene su propia carga semántica, su propio significado. El arte, desde esta perspectiva, es una realidad alterna.

Pero a la cultura también se le elige. Como el joven estudiante que decidirá la carrera de su vida, quien se sumerge en las profundidades del arte lo hace porque “no hay más remedio”. La literatura, la pintura, la escultura, el teatro, el cine, la danza, la fotografía, son pasiones irrevocables.

Más allá de la raza, de la comunidad de pertenencia, la cultura (o el gusto por lo artístico), es algo inmanente en el individuo (Entiéndase: al que le resulte significativo). El Estado puede mediar en este proceso, si no, los buscadores de cultura proseguirán su camino. Explorarán nuevos territorios, guiados por la brújula del arte.

rodrigor_65@outlook.es



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