Music Club

Música concreta, teatro de la crueldad

Rodrigo Ruy Arias

A l@s jóvenes que retroalimentan mi clase de Proyectos Artísticos III


Para el poeta, dramaturgo, director, novelista, actor y ensayista francés Antonin Artaud (Marsella, 1896-Paris, 1948), el sonido es un elemento esencial de la escena. Música del ruido que representa una extensión de las emociones, nos dice Óscar Zorilla en su libro publicado por la UNAM, El teatro mágico de Antonin Artaud: “Artaud está convencido de que se puede influir sobre los espectadores como sobre los reptiles” (ZORILLA, 1977, 59).

“Prolongación audible” de los sentimientos y los estados psíquicos de los personajes. Gritos, chillidos, truenos, en un teatro que recurrirá a la figura del músico judío Maxime Jacobs (Francia 1906-1977), para la composición de una marcha en el entierro de la escena final de la obra El vientre quemado o La madre loca, de 1927.

Dijo Jacobs en torno a la partitura hoy desaparecida: “recuerdo una especie de marcha fúnebre, medio grotesca, medio hiriente. También había concebido una música casi exclusivamente para percusiones. Las monótonas pulsaciones o frenéticas, de ritmos elementales y sus combinaciones, me parecieron ilustrar perfectamente los tormentos del alma del autor” (Ibid, 60).

Artista innovador, Artaud buscaba que el referente sonoro –a través de amplificadores y altoparlantes-, se convirtiera en algo esencial para la representación escénica. Comenta: “los ruidos serán construidos: cualquier voz, cualquier rumor tendrá su lugar, su importancia, se integrará como un todo” (Id).

El periodo histórico de Artaud se encabalga, en el plano musical, con lo hecho por Darius Milhaud (Marsella, 1892-Ginebra, 1974), y Edgar Varèse (París, 1883-New York, 1965), que siguiera los pasos del “sonido concreto” de Pierre Schaeffer (Nancy, Francia, 1910-Aix-en-Provence, 1995).

Dos proyectos –en los que se involucrarían Artaud y Varèse- no pudieron cristalizarse. La ópera Il n’y a plus de Firmament, y La conquête du Mexique, en la que el juego de contrarios, las explosiones y el silencio, provocarían en el espectador una experiencia “ultra-sensible”.

Una hermosa cita extraída del texto Van Gogh, le suicidé de la societé, en: LETTRES DE VAN GOGH A SON FRERE THEO, cierra el capítulo del libro de Zorilla. Para Artaud, como para Van Gogh, al arte le hace falta: “remover el gran címbalo, el timbre supra humano, siguiendo el orden del cual suenan los objetos de la vida real, cuando se ha sabido tener la oreja suficientemente abierta como para comprender la caída de su careta” (Ibid, p.66).

El artista debe asistir a los actos performativos –llámese concierto, obra de teatro, danza, exposición pictórica, escultórica o fotográfica-, que llevan a cabo los otros, para mejorar sustancialmente el proyecto personal. Mise-en-scène que es también un juego de espejos. Más politonos en quince.

leverkhun1@outlook.es

@AlterRuy

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