Columna de Román Munguía Huato

La corrupción inmobiliaria

Román Munguía Huato

En relación al incendio del cerro de El Tepopote, Aristóteles Sandoval, gobernador del Estado de Jalisco, declaró enfático que “no ha admitido y no permitirá la corrupción inmobiliaria”, lo que presupone que detrás de este incendio hay intenciones perversas para urbanizar parte de este cerro. Si tal propósito es un verdadero compromiso político es muy loable. Sin embargo, visto desde una perspectiva más amplia y retrospectiva profunda, el proceso de urbanización metropolitano desde hace décadas es un verdadero caos en movimiento determinado por una férrea lógica económica, absolutamente irracional, de un desarrollo del capital en general –un capitalismo salvaje–, en particular del capital inmobiliario. La corrupción “urbanística” o “inmobiliaria” es necesaria dentro de esta lógica económica neoliberal. Puede haber decenas o cientos de planes como el Plan de la Zona Conurbada de Guadalajara –vigente entre 1982 y 2016, que establecía la preservación de El Tepopote– o el actual POTmet [Plan de Ordenamiento Territorial Metropolitano], pero no habrá, en los hechos prácticos, nada que pueda frenar ni revertir el proceso caótico metropolitano mientras prevalezca este ominoso régimen neoliberal con toda su estela de corrupción e impunidad que atraviesa todos los poros de la sociedad, especialmente la corrupción orgánica gubernamental–empresarial.

En días pasados se realizó en esta ciudad la 45 reunión del Panel Intergubernamental de Cambio Climático [IPCC, por sus siglas en inglés], donde Aristóteles Sandoval afirmó: “En Jalisco no daremos un paso atrás en la defensa de la especie humana y la defensa de nuestro planeta, la esperanza del planeta se teje aquí, y por eso quiero convocar a que hagamos resistencia climática desde lo local que se oponga con firmeza a la maquinaria de negación, que sea resistencia de ignorancia, a la sinrazón, a la improvisación, y por qué no decirlo de otro modo, a la estupidez”. De acuerdo, pero, entonces ¿cómo explicar que en la periferia metropolitana de Guadalajara exista una de las regiones más contaminadas del planeta con la cuenca del Río Santiago, un río muerto, altamente tóxico? Es claro que la degradación ecosistémica de esta región no es reciente, pero ¿Qué ha hecho en materia de política ambiental el gobierno de la entidad, el federal o los municipales? Nada o casi nada. Todo se reduce a buenas intenciones o a una demagogia incendiaria. Jalisco, por ejemplo, “tiene casi un tercio de sus tierras emergidas sometidas a procesos de desertificación; ha perdido más de la mitad de sus bosques y selvas y esos ecosistemas retrocedían a tasas de alrededor de 32 mil hectáreas por año en los registros de la década pasada; también colapsó su litoral y sus principales pesquerías están en crisis por sobreexplotación”, reporta Agustín del Castillo [MILENIO, Jalisco, 01/04/2017].

Todo es una esquizofrenia gubernamental en la que buscan soluciones a graves y grandes problemas ambientales y urbanísticos pero se hace totalmente lo contrario. Los remedios propuestos son parches o aspirinas para un cáncer, con una metástasis social inevitable. Enrique Alfaro, alcalde de Guadalajara, definió como un proyecto “espectacular” la intervención que tendrá el parque del Deán, aunque algunos especialistas en ingeniería hidráulica opinan lo contrario. Uno pensaría que Alfaro tendría otra política urbana muy distinta a sus antecesores pero ha resultado una decepción para muchos de quienes habitamos este municipio, pues se ha convertido al igual que los anteriores alcaldes en un abierto promotor inmobiliario aplastando el derecho a la ciudad para gran parte de los tapatíos; su política de recuperación de espacios abiertos y recreativos ha sido totalmente demagógica como en el caso del Parque Mirador Independencia o el proyecto de Iconia ¿dónde está su política de respeto o creación de mayores espacios públicos o áreas verdes? La donación ilegítima del cabildo tapatío del subsuelo para el estacionamiento debajo de la plaza de Mexicaltzingo es un claro ejemplo de autoritarismo de corrupción urbanística al complacer los intereses de la mafia universitaria bajo una alianza pragmática oportunista electorera hacia el 2018. El centro histórico de Guadalajara y sus alrededores sigue siendo casi un muladar y los parques y sus fuentes públicas carecen de mantenimiento adecuado, salvo aquellos espacios urbanos públicos del sector poniente pudiente. Hay espacios abiertos públicos que pueden ser recuperados para incrementar las áreas verdes pero se convierten en áreas de estacionamiento como en la Fuente Olímpica. En resumidas cuentas su gobierno carece de un verdadero proyecto alternativo democrático para Guadalajara sentando las bases para el derecho a la ciudad. Él está nadando de muertito, es un decir, con una política neoliberal de “dejar hacer” y “dejar pasar” acorde a sus propios intereses y no a los de la ciudadanía como en Mexicaltzingo; mientras el Procurador de Desarrollo Urbano hace mutis político en todo este desastre de ciudad.

OPINIONES MÁS VISTAS