Voces callejeras

Morir de sed, una realidad en Nuevo León

Santiago Fourcade

¿Cuánto podemos forzar nuestros límites para sobrevivir? Pregunta que me he repetido millones de veces cuando enfrento situaciones abrumadoras en lo humano o material.

Porque ya caminé cinco ejidos y no puedo concebir que cientos de familias lleven meses tomando agua contaminada y viendo cómo se les muere el ganado porque el gobierno ha sido incapaz de brindarles ayuda.

¿A qué me refiero? Imagínate que vives en un pueblo donde cuentas con toda la infraestructura (tubería) de Agua y Drenaje, con medidor y toda la cosa, y hasta pagas mensualmente el recibo, pero no tienes servicio. Y como compensación, cada tres semanas envían una pipa que reparte agua hasta que se vacía y ya no vuelve al resto de hogares. Ahora, proyecta este esquema de emergencia a un año de tu vida donde tienes cultivos, ganado y varios hijos.

¿Comprendes la gravedad? Para colmo, recorrí al menos cuatro tanques cisterna que estaban vacíos. ¿Por qué no los abastecen?

No entiendo cómo pueden dejar a la deriva tantas familias, pueblos enteros sobre los que (yo) ahora intento explicarles a ustedes porque pude meterme cinco horas de carretera hasta los alrededores de Doctor Arroyo.

¿Qué excusa pudieran dar? La verdad, lo que digan estará fuera de lugar, porque a pesar de que nos expliquen que están solucionando algún problema en equis lugar, lo que encabrona es la nula capacidad para planes de contingencia que puedan otorgarle niveles mínimos de vida a familias que se están enfermando por tomar agua contaminada de aljibes, cuyos bajos niveles son terregales entre tortugas acuáticas y basura.

Te repito, lo que molesta es que la gente se puede morir y nunca nos enteraríamos. Nadie va para allá y parece que las autoridades estatales juegan macabramente con ese esquema.

Ojalá alguien tome la iniciativa antes que una tragedia ocurra en uno de los estados (insólitamente) más desarrollados de México.

Twitter: @santiago4kd


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