Urbi et Orbi

Cifras inseguras

Sara Noemí Mata

El miércoles pasado el Observatorio Ciudadano de León, OCL, presentó el reporte “Análisis de los índices delictivos de la ciudad de León” correspondiente al 2013 y un ejercicio propio de recopilación de información basado en la nota policiaca de tres periódicos locales que ha levantado en los primeros dos meses del 2014.

La primera herramienta es un elemental desglose de cifras que se encuentran públicas en la página del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), que ninguna organización civil o esfuerzo académico había realizado para su presentación desagregada a nivel local.

En esta misma semana se hicieron presentaciones análogas que en los medios capitalinos, llamados “nacionales”, tuvieron mucha resonancia, en particular por el repunte delincuencial en el Estado de México; con la diferencia, de que allá se abordaron cifras más recientes, del primer bimestre de 2014 y aquí el OCL analizó todo el 2013.

En principio, el ejercicio del OCL me parece más que necesario pese a que informativamente lo enfocó como relacionado a la ciudad de León, siendo que la mitad de su presentación fue el desglose, también indispensable, de los datos a nivel estatal.

En resumen, según este análisis, la incidencia delictiva (número absoluto de delitos denunciados) en 5 de 8 delitos, el estado de Guanajuato está por encima de la media nacional, pero si se toma el dato relativizado al tamaño de la población (tasa por 100 mil habitantes), que en mi opinión es lo más correcto para fines comparativos con otras demarcaciones o ciudades, son sólo 4 de 8 delitos en que se registra tal preeminencia, a saber: el homicidio culposo, la extorsión y los robos a casa y negocio.

Al analizar la evolución mensual de la incidencia delictiva, el OCL no efectuó el cálculo por tasas, ni lo comparó con otras ciudades del estado o con ciudades de tamaño similar a León, de modo que en casi todos los delitos presentan una tendencia a la alza.

No obstante, la pertinencia del trabajo del OCL, mi opinión, es que a este ejercicio de “espulgar” estadísticas oficiales le falta un esfuerzo explicativo de lo que revelan u ocultan, y a qué políticas en concreto puede estar respondiendo su alta incidencia o su tendencia a la baja. Supongo que esta carencia se da por las maltrechas relaciones que el organismo civil tiene con las instancias municipales de seguridad, y en general con la administración barbarista.

Pese a ello, un buen contrapunto pudiera ser el segundo análisis presentado por el OCL. Se trata de sistematizar los presuntos delitos que ocurren diariamente según las notas informativas de tres diarios de circulación local (para el caso, am, Heraldo y Milenio, dejando fuera los tabloides netamente de nota roja, Al Día y Noticias Vespertinas). El esfuerzo me pareció interesante porque la clasificación delictiva se hace con base en la tipología del INEGI, con la que también se levanta la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre la seguridad pública (ENVIPE) y que en teoría es a la que el SESNSP está en proceso de homologar las estadísticas que recoge de las Procuradurías estatales y devuelve al público a nivel municipal.

En un contexto en que el municipio adopta una política de no colaboración con organismos civiles en la tarea de evaluar las políticas de seguridad pública y combate a la violencia, el tomar la información publicada en periódicos puede constituir un esfuerzo digno de tomarse en cuenta y de hacerlo rendir resultados. Uno de ellos puede ser subsanar la carencia de información con una desagregación mayor al ámbito municipal, que es como la dota el SESNSP, a fin de saber, por ejemplo, en qué zonas de la ciudad se es más vulnerable al robo de auto o a qué factores (vialidad conflictiva o grupos de edad, por ejemplo) puede asociarse la alta incidencia de homicidios culposos.

Por supuesto, los periódicos al ser una fuente intermedia y estar sujetos a condicionantes como el tipo de hechos policíacos que interesa leer en sus zonas de circulación y aún a las habilidades profesionales de reporteros y editores para recolectar con pulcritud los datos de un presunto delito, pueden introducir un sesgo a este tipo de ejercicios. Pero como reza el dicho, “la lucha está permitida”. Hay que ser conscientes de estas limitantes, pero sobre todo del tremendo esfuerzo profesional que exige bucear en las turbias aguas de la estadística oficial en materia de seguridad para salir con algo que nutra los esfuerzos de prevención ciudadana o de organización para la rendición de cuentas.

saranoemi@gmail.com

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