Entresijos del Derecho

La otra ‘cuarta transformación’

Sergio López Ayllón

Sin darnos cuenta, hemos cruzado ya el umbral de una transformación que modificará nuestras vidas. El vertiginoso ciclo de innovación, impulsado por el desarrollo tecnológico y la competencia del mercado, ha generado profundos cambios sociales que han tensado y redefinido, de paso, la relación entre el Estado y la sociedad.

La Revolución Industrial y el boom tecnológico del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial son claros ejemplos de estos procesos. Hoy nos encontramos ante un nuevo desafío: la cuarta revolución industrial (o, como algunos mercadólogos y economistas prefieren llamarla, Industria 4.0). Resultado del desarrollo de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, el procesamiento masivo de datos (big data), el uso de sensores, robots y drones, entre otras herramientas, el mundo experimenta una transformación de los procesos productivos que tendrá enormes implicaciones en la forma en que entendemos el trabajo, la educación, la salud y muchas otras dimensiones de la vida cotidiana.

Desde la perspectiva económica, resulta fácil advertir las ventajas de la innovación y el avance tecnológico. Por un lado, las empresas y las economías desarrolladas son cada vez más capaces de incrementar la calidad y cantidad en la producción de múltiples bienes y servicios, maximizando sus ganancias en formas que antes eran impensables. Por otro, la mayoría de los consumidores agradecemos las bondades de la innovación: hoy, el acceso a muchos productos está a tan solo un click de distancia. Incluso los gobiernos usan las nuevas herramientas tecnológicas para mejorar su eficiencia en la provisión de servicios públicos e intentar satisfacer las exigencias de transparencia y rendición de cuentas.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. En la mayor parte de los países de la OCDE se analizan las consecuencias de las nuevas tecnologías sobre los mercados laborales. La automatización del trabajo puede significar menores costos y mayor productividad para las empresas, pero para una sociedad que no está preparada para afrontar el cambio tecnológico, la automatización puede generar desempleo y acrecentar la desigualdad. En los próximos 20 años, prácticamente la mitad de los empleos —particularmente en la industria automotriz y de manufacturas— y la provisión de muchos servicios serán remplazados por robots u otros procesos automatizados. Actualmente, según The Economist, ningún gobierno está preparado para enfrentar ese problema.

En The future of work, Darrel West advierte el preocupante crecimiento de una (sub)clase social, grande y permanente, de personas que, aunque estén preparadas, no reciben los beneficios del trabajo ni pueden escapar de la pobreza. México es particularmente vulnerable a este proceso, pero pocos se han percatado del potencial impacto del cambio en el mercado laboral y sus implicaciones en materia de seguridad social o educación. Simplemente no estamos preparados para un futuro que ya está presente. Y los nuevos programas de empleo propuestos parecen ignorar lo que se avecina.

Por ello, es urgente que el nuevo gobierno incorpore en su estrategia los nuevos escenarios que sin duda viviremos en las próximas décadas. Inyectar recursos públicos con el objetivo de preparar a los jóvenes para ejercer oficios o empleos que pronto serán remplazados por nuevas tecnologías podría incluso empeorar el problema. Necesitamos invertir en mecanismos de formación y capacitación flexibles y vinculados con las nuevas habilidades que se requieren (codificadores, analistas de información y datos, expertos en computadoras, etcétera).

Por otro lado, y siguiendo algunas ideas propuestas por expertos en la materia, necesitamos rediseñar nuestro rígido modelo laboral para desvincular la seguridad social del estatus de asalariado (la flexiseguridad), reemplazar las indemnizaciones por despido por un seguro de desempleo moderno y vinculado con la capacitación laboral, modificar radicalmente el modelo educativo, así como aumentar la flexibilidad de las instituciones jurídicas. En suma, se trata de generar un nuevo pacto social. Esta es la otra cuarta transformación que nos urge.

*Director e investigador del CIDE

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