Entresijos del Derecho

Seguridad, el diablo y los detalles

Sergio López Ayllón

El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador enfrenta múltiples retos, pero destacan dos particularmente delicados. El primero tiene que ver con la economía. A una perspectiva de crecimiento lento se pueden sumar condiciones externas e internas que desestabilicen el delicado equilibrio de las finanzas públicas. El margen de maniobra de la SHCP es limitado. Confiemos en que sabrán conducir la nave en aguas turbulentas.

El otro frente es la seguridad pública. Sin duda, se trata de un problema heredado que suma décadas de un grave deterioro institucional. Por ello, no podemos esperar un cambio dramático en las tendencias.

Lo que sí es posible —y resulta claramente su responsabilidad— es diseñar una estrategia que permita revertir en el mediano plazo el problema de la pérdida de control territorial del Estado mexicano y reducir los índices de violencia.

Pues bien, la semana pasada se presentó en el Senado la Estrategia Nacional de Seguridad Pública. Es un documento sucinto (79 páginas) que, luego de un diagnóstico, plantea los objetivos de la acción del gobierno, así como nueve estrategias específicas. Van a continuación algunos comentarios.

La presentación pública del documento es ya una buena noticia. Pone en blanco y negro la visión que existe del problema y el horizonte de llegada. Como afirma, le da oportunidad a la sociedad de “conocer los aspectos que se atacarán y la manera en la que se encauzarán las soluciones propuestas”.

La estrategia tiene ideas que van en la dirección correcta. Entre otras, reconoce la gravedad y complejidad de la crisis, la urgencia de soluciones diversas para enfrentar una causalidad compleja, así como la necesidad de crear programas de desarrollo y bienestar sociales que atiendan las causas estructurales de la delincuencia.

Sin embargo, hay elementos que se echan de menos. Sorprende la falta de datos duros en el diagnóstico, la ausencia total de indicadores para poder evaluar los avances y, sobre todo, la desconexión de las ideas, que se enuncian genéricamente o bien que resultan claramente contradictorias. Muchas agendas para un documento que pretende plantear una estrategia coherente.

Por ejemplo, se reconoce la importancia de la coordinación con las autoridades estatales y municipales y la necesidad de un “nuevo modelo policial”. Pero la propuesta concreta es “un solo modelo nacional de policía” que homologue a policías estatales y municipales. Otra vez la tentación centralizadora.

Asimismo, la estrategia propone un “paradigma de seguridad pública radicalmente distinto” que se aleje de la “estrategia represiva policial-militar”. Paradójicamente, el documento se articula centralmente en la creación de la Guardia Nacional (que en la práctica es un cuerpo militarizado) que realizaría funciones de una policía nacional.

Dicen que el diablo está en los detalles. Y esta estrategia, lamentablemente, carece de ellos.

* Director e investigador del Cide

@slayllon

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