Entresijos del Derecho

¿Y si AMLO pierde la revocación?

Sergio López Ayllón

En un sistema presidencial, el jefe del Ejecutivo tiene legitimidad democrática propia. Es electo por voto popular en elecciones competidas. Esto no quiere decir que su poder sea omnímodo. La arquitectura institucional establece un conjunto de pesos y contrapesos, que con el tiempo se han hecho más complejos, y que limitan el poder del Presidente.

En todo el mundo, los presidentes que gobiernan permanentemente con altos niveles de popularidad son excepcionales.

El acceso y el ejercicio del poder generan desgaste. Gobernar supone tomar decisiones y arbitrar entre intereses complejos que afectan a personas, grupos y regiones. Es por esta razón que en los sistemas presidenciales los periodos son fijos.

Los países que contemplan la reelección ofrecen a los electores una especie de “revocación de mandato”, pero en condiciones de competencia electoral. Otros sistemas, como el mexicano, no admiten esta figura.

Muchas voces han argumentado por qué la propuesta de Morena para establecer la revocación de mandato tiene serios problemas. No abundaré en ellos. Observo, sin embargo, que la mayoría asume al presidente López Obrador como agente central de la historia.

Pocos han reflexionado qué sucedería si ahora, o en el futuro, el resultado de la renovación no es favorable al presidente en turno.

AMLO no durará toda la vida. Su popularidad actual es indiscutible, pero eso podría cambiar. Veamos el escenario.

Si vota menos de 40% de los inscritos en la lista nominal de electores, el Presidente seguiría en funciones, incluso si pierde la votación. Así, su legitimidad podría estar irremediablemente minada. Si el porcentaje de votantes es igual o mayor a 40 % y hay una mayoría absoluta por la revocación, el Presidente dejaría el cargo, previa declaración del Tribunal Electoral (TEPJF).

Antes de ella, el mismo TEPJF deberá resolver las impugnaciones. Es fácil imaginar el caos político de este escenario: la multiplicación de las impugnaciones, la enorme presión sobre el tribunal y la dificultad política del Presidente para conducir la administración y el rumbo del país.

Si el Presidente deja el cargo, la propuesta de Morena remite al artículo 84 constitucional, es decir, correspondería al Congreso —cuya Cámara de Diputados estaría también en proceso de renovación— elegir mediante escrutinio secreto y mayoría absoluta de votos a un nuevo presidente, quien deberá concluir el periodo.

Se propone sustituir a un presidente electo por otro con legitimidad indirecta, y cuya designación será el resultado de complejas negociaciones políticas de los partidos.

¿De verdad queremos ponernos en ese escenario, con la inevitable dosis de incertidumbre que generaría? Las reformas a modo no ayudan a la construcción de instituciones. Existen alternativas, encontrarlas es la enorme responsabilidad que tendrá el Senado de la República.

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* Director e investigador del CIDE

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