Estado fallido

¡En la que se metió Spielberg!

Susana Moscatel

Steven Spielberg sabe que tiene que ser muy, pero muy cuidadoso, porque no solo se está saliendo (maravillosamente) de su zona de confort con su remake de Amor sin barreras, sino que sabe bien que está siendo sigilosamente vigilado para no cometer un desliz cultural.

No es gratuita la información que se filtra sobre su visita y plática a Puerto Rico, y con miembros de esa comunidad, ya que para interpretar a los personajes principales de la pandilla de The Sharks (los tiburones) hay que tener mucho cuidado. Miren, desde los tiempos que se hizo la película había controversia sobre la contratación de actores caucásicos para interpretar a los latinos.

Creo que si hoy le dieran el icónico rol de María a Natalie Wood, sus redes sociales explotarían con mensajes de odio. Y eso tiene que ver con lo que muchos llaman “reapropiación cultural” y la fuerza que está teniendo. Si tienen que usar maquillaje para oscurecer tu piel, para caracterizar al personaje, entonces estás en problemas.

Por un lado está bien que las minorías, que no suelen tener los mejores roles, usen su voz para exigir que no le den los pocos papeles que hay para ellos a personas que podrían hacer otras cosas. Pero no.

Hoy Natalie hubiese sido un insulto para muchos. Imaginen lo que se hubiera perdido. ¿No pueden? Pues entonces corran a ver la película original, por favor.

Así que Spielberg, quien ya ha pasado por controversias de este tipo, ya tiene a su María y se ve muy bien, (es colombiana). Pero muchos actores están realmente preocupados porque el fenómeno se está radicalizando.

A Scarlett Johansson le fue como en feria por Ghost In A Shell interpretando a un icono asiático. Y por lo visto Zoe Saldana cometió un pecado al oscurecer su tez para convertirse en la legendaria Nina Simone. Al acto lo llaman Whitewashing y sí ocurre mucho.

Lin-Manuel Miranda, astro de Broadway, creador de Hamilton es hijo de puertorriqueños y hace menos de un mes me dijo que se tuvo que poner a inventar sus propias obras porque no había roles para él más que en Amor sin barreras o Paul, en A Chorus Line (una hermosa excepción en su momento).

Pero no todos, de hecho nadie más que conozca, somos los genios que es Lin-Manuel, quien tuvo la brillante osadía de reinventar la imagen de los MUY caucásicos fundadores de Estados Unidos en Hamilton, haciendo una simulación de revisionismo histórico más que interesante y dándole una cachetada al whitewashing de paso.

Pero, a pesar de su avasallador éxito, el panorama no cambia. Y lo entiendo. La solución, como él me dijo, comienza por los escritores. Así que venga la diversidad vía la pluma. Me parece que por más justificado sea el enojo, limitar el rango de los otros artistas, no es la solución. Mientras tanto … vaya hermosa complicación en la que se ha metido Spielberg.

Twitter: @SusanaMoscatel

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