Estado fallido

¿Ganó "Roma"? ¡Traigan a los superhéroes!

Susana Moscatel

Más valía que la asociación de críticos de cine, en la cual tenemos muchos amigos y compañeros respetables y que se toman muy en serio su trabajo, le diera el gran premio de la noche a Alfonso Cuarón, simplemente por mantener una congruencia respecto a todo lo que la mayoría de ellos, y los que estamos en este negocio sabemos quiénes son, habían publicado al respecto. Es correcto y adecuado que sin ven una película y dicen que es lo mejor que han visto en años, le den su premio mayor. Pero esto no siempre es tan positivo para la vida de la cinta en sí.

Permítanme poner en contexto lo que estoy diciendo. La gente encargada de organizar el Oscar está haciendo un esfuerzo tremendo para juntar a todos los Avengers el día de la trasmisión de sus premios. Saben que el rating de la ceremonia en sí baja año con año, y la razón, en muchos casos, tiene que ver con que la gente se siente divorciada de la crítica del buen cine y ellos eligen lo que será negocio y se seguirá produciendo. Y por eso, podríamos tener superhéroes dándole el premio a Cuarón próximamente. Lo mejor de dos mundos, ¿no? Pero es inevitable la pregunta. La observación. ¿Por qué hay tanta diferencia entre lo que le gusta a la gente “especializada” y a los que compran millones de boletos en taquilla? ¿Qué quiere decir “una buena película”, entonces?

Yo puedo hablar por mí. Una buena cinta es esa que no solo utiliza de manera óptima, creativa y hermosa todos los recursos cinematográficos necesarios (no posibles, no es catálogo de efectos especiales) para contar una entrañable historia que de alguna manera u otra me conmueve. Tal vez los referentes que me conmuevan a mí no son los mismos que les lleguen a otras personas, y también hay que saber ver eso.

Pero muchas veces, y pasa también en el teatro, el trabajo del crítico parece convertirse en una batalla de egos respecto a quién sabe más, quién esta más cercano a los cineastas, quién estudió y sabe utilizar palabras rimbombantes (como la palabra rimbombante en sí) para demostrar que ellos son los mejores. No la película. Ellos. Y ahí está el divorcio entre el público y la crítica muchas veces.

¿Quién paga el precio? Cintas como Roma, porque después de escuchar la escalada de adulaciones que inicia en el circuito de los festivales, la gente ya llega con expectativas prácticamente imposibles. Sé que hay muchos que siguen diciendo que la cinta no les gustó y se vale. Pero también he hablado con mucha gente que admitió que tenía una idea tan particular en su cabeza sobre lo que sería Roma, que si no coincidió ya se sintieron decepcionados.

La asociación de Críticos era la que más debía darle este premio a Roma, porque además todas esas cosas que al final del día sí importan: dirección de arte, fotografía, sonido, congruencia, sí están en sus radares. Y vaya que con todo eso cumple Cuarón, Caballero y todo el equipo. Lástima que la gente esté ya tan divorciada con la crítica, que sea necesario llamar a los superhéroes para que presten atención en días como la del Oscar. Veremos.

Twitter: @SusanaMoscatel



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