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La fórmula 17-13 podría no ser suficiente

Tomás Cano Montúfar

La Legislatura local número 64 será diferente. No mejor, no peor; sí, de una circunstancia política no vista en Hidalgo desde 1914 cuando el Gobernador Nicolás Flores disolvió la XXIII Legislatura.

El balance de la LXIV Legislatura se hará en 3 años.

Iniciará en 2 días su función con una amplia expectación porque la mayoría de los diputados que la integrarán son de un partido diferente al del Gobernador. Todo un suceso para la política de Hidalgo.

Aún en las sacudidas de la Revolución y décadas posteriores cuando llegaron al Congreso local diputados de los partidos Liberal, Constitucionalista o Antireeleccionista, nunca la mayoría de la Asamblea de Hidalgo pensaría diferente a la idea del Gobernador en turno. Antes bien el Congreso ha sido una extensión de la figura del Gobernador que por 100 años quizá, ha dispuesto del Poder Legislativo como parte integral de su gobierno.

A los gobernadores les ha servido el Congreso Local para legislar cómodamente los asuntos que le interesan y como un instrumento para equilibrar las fuerzas de poder y la gobernabilidad del estado, según la escuela arraigada en México con las formas que forjó el PRI.

Podría aceptarse lógico que, si Gobernador y Diputado provienen del mismo Partido tendrían ideales y proyectos coincidentes, pero en el contexto de la política mexicana el Poder Ejecutivo engulle al Legislativo y Judicial para transformar a la división de poderes en una simulación permanente, aceptada como una regla de juego que no se discute. Entonces se forman carreras y trayectorias de políticos hábiles en la interpretación del sistema. Un sistema (hasta ahora) suficientemente flexible pero no dúctil, permeable pero sólido en su base.

El 1 de julio de 2018 se rompió este arreglo. En 2 días se instala en Hidalgo un Congreso sin la influencia determinante del Gobernador. Hoy, nadie sería capaz de augurar sus consecuencias.

La Legislatura 64 será diferente porque la mayoría se sentirá suelta, libre de actuar conforme a sus principios, intereses y estrategias, si es que todo ello existiese y se logre arraigar en el grupo de Morena. En la cohesión del grupo mayoritario radica su solvencia y el éxito de sus iniciativas pero su origen tan disperso y agreste no lo garantiza. En ese punto se extrañará la férrea disciplina y sentido de cuerpo de las bancadas del PRI.

Morena obtuvo 17 diputaciones locales por 13 del resto de los partidos que contendieron y alcanzaron espacios de representación. Pareciera entonces que la ecuación del próximo Congreso sea la fórmula 17 – 13 y que, con estos números se gobernaría; pero la política no es una ciencia exacta. En el escenario de la antigua hegemonía del PRI esta sería la votación inminente. A partir de Septiembre las votaciones del Congreso Local serán una señal de interés político y múltiples sus lecturas. De suyo, la conformación del Congreso de Hidalgo tiene una falla de origen al establecerse con un número par (30) que abre la posibilidad, no remota, de votaciones en empate.

Incertidumbre y oportunidad podría ser la descripción del futuro de la 64 Legislatura, adjetivos nada ajenos al saldo de cualquier democracia. Tomar las oportunidades en favor de la sociedad que representan sería el deseo del ciudadano, pero hacerlas realidad no sólo es cuestión de voluntad ni de aritmética. Es necesario construir las oportunidades, tejer fino, con inteligencia y talento.

Es la oportunidad para que veamos en el Congreso de Hidalgo un genuino trabajo político para que en la realidad exista el equilibrio de poderes como lo propuso la Revolución Francesa como el modelo más acabado de convivencia entre sociedad y gobierno. Es tan solo la ocasión de dar un paso adelante.

Las mayorías deciden, pero en las legislaturas existen al menos dos tipos de mayorías; simple y calificada. A Morena por ejemplo, no le será suficiente su mayoría para alcanzar una Reforma Constitucional (al menos 20 votos) lo que podría convertirse en ellos una obsesión para respaldar las iniciativas de su líder cuando las proponga vía el Congreso Federal. Para el Gobernador y la fracción del PRI en cambio, les será vital la aprobación del Presupuesto 2019.

Cuál es entonces el beneficio de un Congreso independiente, que ha superado el tamiz de la democracia si, llegado el momento de sus decisiones se traban por la rigidez de la norma? La respuesta de nuevo son las virtudes de inteligencia y talento, al que le sumaría el ingrediente trabajo.

Los diputados deberán tener un alto sentido de negociación política y acuerdo. Tendrán que esforzarse para argumentar de forma impecable de sus planteamientos. Dedicarle muchas horas al trabajo en comisiones y estudiar a profundidad el tema a discusión. En la tribuna se abrirá la brecha entre los oradores virtuosos y documentados sobre aquellos que reaccionan al impulso e improvisación. El primer periodo ordinario (septiembre –diciembre) será suficiente para conocer el semblante de estos políticos a quienes se les exigirá, como nunca, ser profesionales. Es una oportunidad irrepetible. Será, sin duda, una página por escribir en la historia del estado.

TW @canomontufar

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