Columna de Tomás Rudich

Corrupción, 'doping', terrorismo: cuando el deporte no es la noticia

Tomás Rudich

Que el deporte es mucho más que un juego no es ninguna novedad desde hace largo tiempo. Pero en el año 2015, tal vez como nunca antes, el foco estuvo muy lejos de los campos de juego. Y no precisamente por los motivos más nobles. El megaescándalo de corrupción en la FIFA, la crisis del doping en el atletismo y la confirmación de los grandes eventos deportivos como blanco del terrorismo hicieron del deporte un asunto de jueces, fiscales, tribunales deportivos, médicos y expertos en seguridad en el año que concluye.

No es, en verdad, la primera vez que alguno de estos componentes se hace presente. El escándalo de sobornos en torno a la concesión de los Juegos Olímpicos de invierno de Salt Lake City 2002 o el caso ISL, entre otros, ya habían revelado la existencia de redes de corrupción en los más altos organismos deportivos. La confesión del ex ciclista estadunidense Lance Armstrong, en enero de 2013, también había exhibido el alarmante grado de penetración del doping. Y los atentados en los Juegos de Múnich 1972 o la maratón de Boston en 2013 recordaban la siempre latente amenaza terrorista en el deporte.

Pero en 2015 todo ello irrumpió de manera casi simultánea y brutal, y mientras tanto Blatter, el suspendido presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA), como Platini, su par en la UEFA (Unión Europea de Futbol Asociado), fueron castigados pocos días antes de la Navidad con ocho años de sanción por el pago de 2 millones de francos suizos que el francés recibió en 2011 del dirigente helvético, la alerta alcanzó su pico tras los atentados del 13 de noviembre en París. La masacre en la capital francesa y las explosiones en las afueras del Stade de France hicieron del amistoso Francia-Alemania una auténtica pesadilla. A ello siguieron las suspensiones del Alemania-Holanda en Hannover por amenazas de ataques y la cancelación del Bélgica-España en Bruselas. El clásico español entre el Real Madrid y Barcelona se debió jugar con francotiradores apostados en las afueras del estadio Santiago Bernabéu y la alarma incluyó al tenis, con una final de Copa Davis en Gante entre Bélgica y Reino Unido disputada bajo extremas medidas de precaución.

Imágenes a las que el deporte deberá acostumbrarse en 2016, ya que la Eurocopa de Francia promete un operativo de seguridad sin precedentes.

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