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La inclusión social de la Ciencia y la Tecnología, un camino para el desarrollo

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Los resultados de la última Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México (Enpecyt) resaltan que los deportes, la política, la economía y finanzas y sobre todo los aspectos sociales de la gente conocida y de espectáculos son las temáticas que interesan a cuatro de cada diez personas de una forma constante y moderada. En tanto tres de cada diez reportan un “Nulo interés” en temas relacionados con “Nuevos inventos y tecnología” y “Nuevos descubrimientos científicos”, debido a que no los entienden.

Estos datos indican que, a pesar de que la actividad científica y tecnológica marca de manera definitiva a nuestra sociedad en aspectos como la salud, alimentación, vivienda, transporte, comunicaciones, economía y medio ambiente; la ciencia y la tecnología carecen de interés por parte de la población que conforma nuestro país.

Por esta razón, desde las instituciones educativas se habla de aumentar la cultura científica de la población a través del uso de los medios de comunicación, así como de otros mecanismos para la práctica de lo que se denomina Comunicación Pública de la Ciencia. Entendiendo, como lo menciona el investigador José Antonio López, que la cultura científica se refiere al conjunto de conocimientos no especializados de las diversas ramas del saber científico que permiten desarrollar un juicio crítico sobre las mismas y que idealmente poseería cualquier persona educada.

Entre los mecanismos para la práctica de la Comunicación Pública de la Ciencia destaca el aprendizaje de la ciencia en ambientes informales, los cuales se caracterizan por motivar al público a aprender de forma voluntaria, personal, colaborativamente, no lineal y de manera abierta.

De acuerdo a los editores del proyecto “Aprendiendo la ciencia en ambientes informales”, realizado en Estados Unidos bajo la batuta del historiador de la ciencia Bruce Lewenstein; las experiencias de aprendizaje en estos contextos encaminan a los públicos a interesarse en la ciencia, a encontrar placer en ella y un sentido de que aprender sobre ésta puede ser personalmente relevante y gratificante.

En este sentido, Puebla ha sido un ejemplo de comunicación de la ciencia en ambientes informales. Un ejemplo ha sido la labor del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Puebla al crear vehículos de la ciencia para llevar a los municipios actividades y talleres en áreas como astronomía, física, química y mecatrónica. Igualmente, la Universidad Autónoma de Puebla, a través de la Dirección de Divulgación Científica, ha desarrollado el programa “Miércoles en la Ciencia 2018”.

Así, importancia de comunicar la Ciencia y la Tecnología cada vez es más preponderante, pues en estos ámbitos es donde se encuentra también el camino para el desarrollo. Actualmente en México menos del uno por ciento del Producto Interno Bruto está destinado para la Ciencia y la Tecnología, mientras que algunos países de Europa destinan hasta el ocho por ciento.

De esta manera, el futuro de la comunicación de la ciencia debe ir enfocado a integrar actores de diversas disciplinas, tanto de las ciencias exactas, las ciencias sociales, humanidades y las artes. Tal y como como lo propone el sociólogo italiano Massimiano Bucchi, al especificar que es preciso crear una visión más humana de la ciencia y la tecnología, que permita ir más allá de sus definiciones tecnócratas y funcionales.

LOURDES MATEOS

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