Columna de Verónica Ramona Ruiz Arriaga

Más preguntas que respuestas. El caso del Tuzobús y los asientos rosas

Verónica Ramona Ruiz Arriaga

La semana pasada hacíamos referencia a algunos de los muchos problemas del Tuzobús y a las posibles soluciones que beneficiarían a todo su público usuario, cuando nos preguntábamos sobre la necesidad de los asientos y las unidades rosas. Concluíamos que esta decisión obedeció a las actividades conmemorativas del Día Internacional de la Mujer, pero no a razones de seguridad o a necesidades prácticas y quedaron dos cuestiones por desarrollar. Una, relativa a lo funcional de esa medida en una ciudad como Pachuca, considerando su cultura y dinámica social. Otra, referente a los principales factores para que esa iniciativa no haya conseguido un efecto positivo.

El primer punto atañe a la conveniencia de la medida que separa hombres y mujeres en la movilidad diaria, para favorecer a las mujeres que viajan solas, con otras mujeres, con niñas o con niños de hasta 12 años de edad. Al respecto, resulta muy ilustrativa la escena que ocurrió la tarde del lunes antepasado a bordo del Tuzobús. Tres muchachos iban conversando de pie y de pronto el primero, dijo "¿y si me siento aquí?" señalando un asiento en el área rosa que estaba disponible, pues la unidad no venía con cupo completo. El segundo de ellos dijo "No. ¿Tienes alguna discapacidad?" El tercero, añadió "Se vería mal", a lo que el segundo asintió y el primero repuso, "Pero en este momento no hay nadie que lo necesite. Ya si sube alguna persona así, me levanto". Acto seguido, se sentó mientras los otros dos jóvenes bromeaban diciéndole que le podían romper una pierna para que pudiera ir ahí. En cuanto el Tuzobús se detuvo en la siguiente estación, el joven se levantó y enseguida entró y se sentó una señora con una nena.

Esas tres opiniones reflejan las principales interpretaciones que cada ciudadan@ puede construir ante una comunicación que ahora es poco clara y da margen a lo que cada persona crea conveniente a favor de: el respeto tajante a la norma de exclusividad y el no rotundo a que un hombre en plenitud física ocupe esos asientos y unidades; el manejo de la crítica social y lo políticamente correcto; un punto de vista más práctico, que tiende a buscar el máximo aprovechamiento de los recursos escasos, basado en su uso preferente pero no exclusivo. Difícilmente se puede concluir que alguna de las posturas sea del todo inadecuada. Las tres tendrán simpatizantes, de acuerdo con cada tipo de mentalidad, pero lo que hace evidente esa diversidad de reacciones ante una indicación, es que ésta no es precisa y menos aún unívoca, lo cual desfavorece el buen funcionamiento del servicio y la convivencia.

Antes de que los asientos y las unidades rosas hicieran presencia, era más claro que para ocupar los ocho asientos con distintivo, tenían prioridad las personas que más lo requirieran, por la razón que fuera, y en general se observaban actos de cortesía de hombres y mujeres que cedían el lugar a alguien. Es decir, los asientos señalados así, transmitían el mensaje de dar preferencia a los más vulnerables, fomentando la solidaridad social con el más débil, en unidad y armonía.

Ahora, en 41 unidades verdes del Tuzobús la señalética indica que seis asientos son preferentemente para personas con necesidades especiales y otros seis (rosas) son exclusivos para mujeres o "menores de edad" en todas las unidades. Eso implica que literalmente, los hombres no deberían usar nunca esos asientos rosas, ni viajar en las unidades rosas (a las que les impiden subir), a pesar de que los asientos y las unidades rosas vayan vacíos y los hombres estén cansados. Incluso, al inicio de la operación de las unidades rosas, se prohibía el acceso a los hombres de la tercera o cuarta edad o con alguna discapacidad. Ahora ya queda a criterio del vigilante dejarlos abordar.

También llama la atención que el aviso de referencia, menciona que el servicio rosa es exclusivo para mujeres y menores de edad y de acuerdo con el artículo 34 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, menor de edad es quien no ha cumplido 18 años y solamente dejan abordar esas unidades, a niños de hasta 12 años, acompañados.

Actualmente, es muy frecuente ver en las horas pico muchas personas jóvenes de pie en los pasillos de las unidades, pues dada la ambigüedad de los mensajes, los usuarios consideran indebido ocupar tanto los asientos preferentes como los exclusivos, mientras otras no pueden ni abordar por la saturación, pero ¡van dos, tres o más asientos rosas vacíos! situación que hace todavía más insuficiente el Tuzobús.

Por su parte, las dos unidades rosas en horas valle circulan con una ocupación de hasta un 20 o 30 por ciento de su capacidad y en horas pico al 50 o 60 por ciento de su capacidad, mientras el resto de las unidades que les siguen en turno, van con cupo completo o sobresaturadas. En la hora de entrada y salida de las escuelas, alguien suele acompañar a niñ@s y adolescentes y en casi 80 por ciento de los casos es una mujer. Como los adolescentes varones no pueden subir a las unidades rosas, las cuidadoras de su seguridad, tienen que abordar las repletas unidades normales con ellos, mientras las inaccesibles unidades rosas van semivacías. Entonces, en términos de negocio o de servicio me pregunto ¿es conveniente mantener subocupadas dos de 43 unidades y saturar las que le siguen en turno, a pesar de que con esas dos unidades, se atienda sólo al dos por ciento de la población usuaria del Tuzobús? ¿Puede decirse que las unidades rosas benefician a todas las mujeres o al menos a aquellas que más lo requieren? ¿La separación de hombres y mujeres en el Tuzobús favorece y educa para la integración y la equidad social?

torresama@yahoo.com.mx

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