De neblinas y Don Goyo

Cerca del Epílogo de Ma. Del Consuelo Valle 1968 (III)

Víctor Bacre Parra

Acordamos, con Valle Espinosa, que requerimos de una cuarta reflexión, después de esta tercera colaboración para cerrar en el ahora-por medio de un cuadrivio periodístico-, la actual y más completa información para con ello, entender mejor histórica y temporalmente por medio de su “Historia de Vida”, los sucesos de hace 50 años sobre el 68. Y así, también tratar de comprender, ¿por qué el gobierno diazordacista optó por reprimir de manera tan violenta al Movimiento Estudiantil Mexicano?

Por lo mismo, de inicio, es necesario subrayar que en esa gesta estudiantil y juvenil se luchó porque México se encaminara a una nueva sociedad donde se ejercieran las libertades democráticas, y que, gracias a esas luchas, es que en el hoy las tratamos de preservar, fortalecer y disfrutar:

“Los profesores y estudiantes de entonces, vivimos, sentimos y sobretodo aprendimos lo que significa la libertad-como derecho humano, social y político-consustancial, intrínseca y constitutiva de la propia especie humana”. “Y, de ahí, también a enarbolar, a exigir y a vivir la libertad de movilización, la libertad de organización, la libertad de expresión y la libertad de manifestación”.

“Por supuesto, consideramos de entrada que, un gobierno despótico, autoritario y represivo como el del 68 emanado de una ‘dictadura perfecta’ en términos de Vargas Llosa, no iba a permitir que las nuevas generaciones practicaran y reaprehendieran esos derechos. Porque ‘practicar’ significa, entre otras cosas, realizar varias veces algo que se ha aprehendido, para adquirir habilidad, experiencia y consistencia de su esencia en la propia vida cotidiana, social y política”.

“Libertad de organización: la máxima autoridad del movimiento eran las Asambleas Estudiantiles. En ella se escogían a 3 delegados que podían ser removidos cuando no llevaran al Consejo Nacional de Huelga, CNH, los acuerdos de la mayoría. Todos los días, antes de iniciar las actividades asistíamos a nuestra Asamblea, ahí se informaba y se tomaban acuerdos. Fue un órgano democrático que no pudo ser corrompido ni manipulado”.

“Libertad de movilización: cientos de brigadas salíamos todos los días a informar a la población de nuestro movimiento. Se formaban en el momento. Nos juntábamos 5 o 6 compañeros de la Facultad y sin tener un líder, nos poníamos de acuerdo en dónde, cómo y qué informar. Terminada la acción, cada quién determinaba de manera individual lo que quisiese hacer después del brigadero. Esto es, éramos como ‘células’ que viven sólo para llevar a cabo una sola acción. Consecuentemente para la policía y el ejército era imposible destruir a todas las ‘células’ que se movilizaban”.

“Libertad de expresión: Hoy día, las redes sociales y la Internet permiten tener tejidos de información y expresión, horizontales. En 1968, la población mexicana padecía el monopolio mediático manipulado por el gobierno: nada se publicaba si no era con autorización del Ejecutivo y sus redes. Nosotros inauguramos una nueva forma de informar a la población: en nuestras brigadas a través de volantes sencillos y claros entregados; en nuestras pegas suscribiendo carteles bien elaborados; en nuestras pintas, sencillas y breves, usando la brocha y la escritura en las bardas; en los mítines relámpago a través de compartir nuestra voz y nuestros cantos y porras entusiastas; en las marchas por medio de nuestras mantas y banderines emblemáticos junto a nuestro incansable caminar y a nuestras consignas. Y, en los comunicados y discursos directos, sinceros y concisos de nuestros dirigentes y líderes se informaban los acuerdos generales que se tomaban en el CNH. Así, rompimos el cerco mediático”.

“Libertad económica: Sabemos bien que el arma más utilizada para empezar a corromper a una persona y sobre todo a un movimiento social es por medio del dinero. Para evitar eso, nosotros recurrimos a pedir cooperación económica a la población. El dinero se depositaba en unos botecitos que forrábamos y sellábamos. En todas las brigadas a las que asistí ninguno de nosotros tomábamos ni un centavo. Cuando regresábamos a la Facultad entregábamos el bote sellado y después nos retirábamos. Al otro día reanudábamos nuestra labor”. Remarcaría el papel tan importante que desempeñaron las muchachas en el ‘boteo’, en el buscar donativos y en el conseguir alimentos para lograr esta independencia de recursos”.

Los siguientes fragmentos son del discurso de mi hermano Eduardo Valle Espinosa, “El Búho”, al que hicimos referencia por su trascendencia e impacto en la historia del 68 mexicano y, sus repercusiones y vigencia para el presente:

“Estamos viendo una luz negada por muchos años, hay que cuidar que esta luz no nos ciegue (...) porque algo importante hemos logrado. Hemos ganado la conciencia de la acción (...) hemos ganado libertad en las calles”, “hemos vivido la democracia en miles de asambleas, mítines y manifestaciones(...) Cuando se conoce lo dulce de la libertad, jamás se olvida, y se lucha incansablemente por nunca dejarla de percibir, porque ella es la esencia del hombre, porque solamente el hombre se realiza plenamente cuando se es libre y en este movimiento miles hemos sido libres, verdaderamente libres (...) Somos conscientes de nuestra fuerza y también de nuestra debilidad, nuestro poder radicar en la justicia de nuestras demandas, en el apoyo de los trabajadores y en las razones que históricamente nos asisten” (...) “El silencio en que hemos marchado es nuestro fuerte grito de protesta. Este silencio es mucho más elocuente que las palabras violentadas ayer por las bayonetas. Ante el silencio de las autoridades que aparentan no escuchar, esta marcha es la respuesta, el silencio contenido por la cólera contenida que es producto de la injusticia: de la injusticia y la soberbia. Nuestra marcha es la respuesta responsable y la demostración de la razón de nuestra causa (...) Somos conscientes de que el poder gubernamental puede destruirnos usando sus tanques y sus soldados, pueden masacrar a los estudiantes y al pueblo, pero nunca, nunca podrán doblegarnos”. (Eduardo del Valle Espinosa, “El Búho”).

La impresionante “Marcha del Silencio” marca el punto más alto en la capacidad de convocatoria y organizativa del movimiento estudiantil. Consecuentemente, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz cambia su estrategia: de una simulación de diálogo a una brutal represión: “La Matanza de Tlatelolco en la Plaza de las Tres Culturas”, “El 2 de octubre de 1968 No se Olvida”.

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