Mimeógrafo

La fantasía del poder

Víctor Herrera

El eco de los sucesos de 1914 ha despertado, naturalmente, el interés de generaciones enteras, y las generaciones que confluyen en este centenario, incluyendo a quienes todavía vivieron durante aquellos años y los que apenas se enteran de ellos, pueden sorprenderse de lo mucho y de lo verdaderamente poco que han cambiado las cosas desde entonces.

A pesar de los años, no hemos superado aún el embeleso por lo bélico, enamoramiento que obtuvo su máxima expresión durante la época más activa del fascismo, incluyendo los años de la segunda guerra. Su niebla adrenalínica nos empuja a preferir soluciones demasiado heroicas de resultados que empiezan en la bravata y terminan en tragedia. Es sorprendente que cien años después del primer conflicto que amenazó al orden total del planeta, los avances de la tecnología, pero también los avances de la física, la sociología y la historia no sean capaces de revertir los efectos de la histeria militar ni prevenir los conflictos de manera innovadora y eficiente.

Es cierto que desde que terminaron aquellas grandes guerras no se ha repetido un episodio similar ni tan destructivo. En términos de pérdidas humanas es indiscutible, pero el deterioro progresivo que sufren miles de millones de personas en su desarrollo y en la calidad de sus vidas tiene siempre un límite que revienta en agresión, fanatismo, intolerancia y crueldad. Este deterioro ha escalado por décadas y ni siquiera las naciones con mejores cifras estadísticas pueden jactarse de no poseer entre sus pobladores la semilla de tensiones irresolubles.

Como prueba, basta detenerse en la última tragedia de la humanidad. El derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, perpetrado por quien haya sido, es uno de esos momentos en que la ceguera de una guerra promovida por poderes fantásticos oculta las verdaderas proporciones del crimen. Este tipo de agresiones suelen detener al mundo, su carácter es demasiado vil e irracional como para desvanecerse en las páginas de los diarios. Es una llamada de atención, y un reto para nuestra época, pues son estas llamadas las primeras que suelen ser desdeñadas por la prepotencia y la estupidez no sólo de los grandes líderes, sino de bravucones de a pie que juegan a desatar las fuerzas destructivas de la historia. Y a veces lo logran.

OPINIONES MÁS VISTAS