El Pulso

El activismo de "likes" y la basura

Víctor Martínez Lucio

No cabe duda que vivimos en una sociedad cada vez más crítica y, en cierta medida, también más activa, aunque ese activismo se refleje más en palabras que en acciones.

Pese a que las críticas constantes en redes sociales, o incluso en marchas pacíficas, parecen pintarnos como una ciudadanía altamente participativa, la verdad es que no somos agentes del cambio.

En primer lugar, porque un like o un comentario o RT no son más que activismo virtual, y en segundo porque para ser sociedad modelo, tendríamos que modificar conductas.

Vivimos con un doble discurso, y como ejemplos podríamos empezar con dos realidades que distan de ser propias de una sociedad de primer mundo, o consciente de lo que hay que mejorar.

El domingo en este mismo medio, mi compañera Victoria Félix publicó que la ley que regulará el uso de bolsas de plástico no puede aplicarse en Nuevo León.

En enero fue aprobada por el congreso local y se publicó en el periódico oficial; pero no será posible por cuestiones económicas.

Dicen que la cadena de producción sería muy costosa. Sin embargo, otros estados menos “avanzados” ya lo lograron, y hace años se ofrece en las tiendas la opción de bolsas de tela, pero el ciudadano opta por el plástico para llevar la despensa y no batallar.

Si como consumidores tomáramos la decisión no sería necesaria una ley sujeta a ley de mercado; las tiendas cumplirían la exigencia para no perder clientes. Todos son ecologistas de palabra, pero no de hechos.

Un segundo ejemplo es la cantidad de basura que a diario se recoge en las calles, misma que tira el ciudadano desde su coche, o cuando toma un refresco o comida chatarra.

Pese a las campañas constantes la gente no hace caso, y las cifras demuestran incluso lo caro que nos sale.

Ya ni por ahorrar lo hacemos.

Como ejemplo, en Monterrey a diario en las calles, banquetas y plazas públicas se recolectan 45.7 toneladas de basura; en Guadalupe el ciudadano tira al menos 6 toneladas diarias entre plástico, bolsas de basura y otros desechos.

Del personal y recursos mejor ni hablar; en San Nicolás, por ejemplo, recoger la basura cuesta al año más de 76 millones de pesos, tan solo en cuestión de nómina.

Monterrey gastó 5 millones y medio de pesos en comprar mil 500 botes de basura, y otros 40 millones en comprar barredoras; sin embargo, los 267 trabajadores de limpia siguen trabajando a marchas forzadas desde el amanecer por el “ciudadano cochino”. Las calles siguen luciendo muy mal.

Si al menos nuestras costumbres reflejaran una conciencia, esos recursos serían empleados para otros rubros. Pero estamos lejos de entenderlo, y mucho más lejos de la cultura del reciclaje, ésas ya son palabras mayores.

Son solo ejemplos que pueden servirnos la próxima vez que pensemos que con hacer viral un video ya somos buenos ciudadanos; estamos lejos, pero muy lejos.

victor.martinez@multimedios.com


@victormtzlucio


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