El Pulso

Las uniones son legales; a lo que sigue

Víctor Martínez Lucio

La semana pasada se dio un paso importante para los derechos de las personas que buscan unirse legalmente a sus parejas del mismo sexo.

La Suprema Corte determinó que los artículos 140 y 148 del Código Civil de Nuevo León violaban los derechos de igualdad y no discriminación que protegen los artículos 1 y 4 de la Constitución.

Fue una votación unánime, porque consideraron que no hay razón para desconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Es un gran paso para esta causa, aunque viene sin duda un debate largo, incluso de fracciones políticas no afines a tomar como “naturales” este tipo de uniones y llamarlas matrimonio.

Pero será mejor que la política se quede en política, esto va más allá; es un asunto social.

Lo que sigue ahora es que los que saben, luchen por una sociedad igualitaria por convicción; no la tenemos aún, no lo somos aún.

Sobre todo porque si todo avanza como se ve, las uniones se van a legalizar, ya están en puerta y son un hecho.

El paso siguiente será aún más difícil y de un debate más duro; la posibilidad de adoptar. Ese derecho es el que para muchos podría ser la lucha que viene.

En Nuevo León hay una alta incidencia de lo que ahora se conoce como diversidad, pero que bien podría tomarse como libertad de decidir cómo vivir, pero no alcanza todavía para debatir estos temas sin la incomodidad incluida.

Si el debate que sigue es la adopción de hijos por parte de parejas unidas legalmente será complicado.

Se centrará la controversia en un punto importante, ¿estará lista la gente para esto? Parece que no. El entorno no es propicio para aceptar de manera automática en los círculos sociales a menores adoptados por parejas del mismo sexo.

El día que vivamos en un país que no tenga doble discurso, que realmente no etiquete, que se tenga claro que cada quien hace de su vida lo que quiere para ser feliz, ese día los niños crecerán felices siendo hijos de homosexuales.

Si se logra algún día, vivirán sin el peso de una sociedad que al día de hoy dice una cosa y hace otra, que señala, que insulta, que levanta la ceja o frunce el ceño cuando algo se sale de lo “normal”.

Las uniones o como quieran llamarles, quienes no aceptan decir “matrimonios”, ya están aquí, son derechos.

Conviene ahora trabajar en mejorar nuestra sociedad y prepararla para que las nuevas generaciones no tengan miedo a las libertades, aprendan a respetar la manera de vivir de cada quien y sigan con sus vidas y creencias, con su propia libertad también.

Cuando la adopción se ponga sobre la mesa debe estar listo y ser debate de altura, responsable, serio.

El mundo está cambiando, hay que abrir la mente porque el miedo nos paraliza y nos dejará fuera.

Nuestros hijos y nietos vivirán otro entorno cuando tengan nuestra edad.

A prepararnos.

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