El Pulso

Malditas letras chiquitas

Víctor Martínez Lucio

No podemos negarlo, y el que lo haga no es sincero; cuando firmamos un contrato no leemos las letras chiquitas. Por eso nos va como nos va.

Es común, por ejemplo, que una compañía que da servicios de internet, telefonía y/o televisión de paga, nos cobre por un servicio que no nos da, o nos cobre al cancelar contrato, como si nos exigiera una “cuota de divorcio”.

Con Gas Natural, ahora llamada Naturgy, es lo mismo, puesto que al firmar contrato no nos detenemos en los detalles, y por ende, no nos damos cuenta que ellos pueden cobrarnos a placer, cuando se les venga en gana, sin ver la lectura de nuestro consumo, sino con una “estimación”.

El texto que aparece en la fracción vigesimosegunda del contrato de adhesión es claro, y aunque no lo percibamos o no nos guste descubrirlo, es legal al firmarlo.

“Procedimiento de estimación. El DISTRIBUIDOR, podrá elegir facturar al USUARIO por el consumo estimado durante un periodo de facturación, y hacer las correcciones necesarias en una factura subsecuente después de que la lectura del medidor haya sido llevada a cabo. El consumo estimado será calculado tomando en consideración el consumo establecido en las facturas previas del USUARIO, la experiencia del DISTRIBUIDOR con otros usuarios del mismo tipo de servicio en la Zona Geográfica de Monterrey, y las características generales de operación del USUARIO”.

Y agrega: “Los ajustes hacia arriba o hacia debajo de la lectura del consumo real del USUARIO serán reflejados en la siguiente factura, entregada después de que la lectura del medidor pueda llevarse a cabo, y estarán basados en la lectura real del medidor aplicado al periodo durante el cual el consumo fue estimado”.

Cientos de usuarios hoy padecen y protestan por un incremento desmedido en sus recibos de gas, y es debido a esa “aplicación de lecturas estimadas” como lo define Naturgy, debido a un proceso de modernización en las formas de atención al cliente, que implica una digitalización, más inclinada a un sistema moderno, mas no siempre efectivo, según salta a la vista.

Primero hubo filas largas bajo el sol de 37 grados la semana pasada, para usuarios que no les calienta ni el sol; y este inicio de semana, filas largas bajo condiciones opuestas, de 5 o 6 grados de temperatura que no apagaron la llama de la molestia ciudadana.

En el camino, varios grupos de interés se han unido en solidaridad o con fines políticos a esta causa, pero poco hay que hacer, cuando un proceder está sustentado por un contrato legal.

Queda trabajar de fondo en el problema, pero mientras algo se legisla, solo aceptar que, de contado o a plazos, hay que pagar el recibo.

Pero ni uno ni otro clima podrán evadir una realidad, nos hacen lo que nos hacen no solo por no leer las letras chiquitas, también por la desgracia de tener gobiernos que modificaron la ley para que se abriera paso a estas empresas extranjeras que hoy tienen la sartén por el mango.

Lo que nos toca aprender como usuarios es a llevar como costumbre, para que no nos sorprendan, la idea de leer completo aquello que firmamos, porque como dicen por ahí “el diablo está en los detalles”.


victor.martinez@multimedios.com

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