El Pulso

Perdón concedido, aunque tardío

Víctor Martínez Lucio

Lo ocurrido la madrugada del viernes 19 de marzo de 2010 no se borrará tan fácil de la memoria de quienes lo vivieron en los peores años de violencia que enfrentó Nuevo León.

Aquella triste escena permanece en el ánimo de la comunidad estudiantil, y en el recuerdo de los ciudadanos.

Los jóvenes estudiantes Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo fueron sacrificados doblemente en aquel mes de marzo; primero por las balas que cortaron su prometedora existencia, luego por la calumnia emitida por las autoridades, que los marcaron como integrantes de la delincuencia organizada.

Tal vez comparado con el atentado en el casino Royale, que cobró la vida de medio centenar de inocentes, o con el asesinato del joven hijo de don Otilio Cantú, confundido con un delincuente durante un recorrido en el sur de Monterrey, este hecho fue un parteaguas en la vida de nuestro estado.

Los años han pasado y esta mañana, en pleno 2019, otras autoridades, “otro Tecnológico” y otro presente serán testigos de un acto solemne y valioso, pero tardío.

No es por llevar la contra, no es por cuestionar con ánimo negativo, pero por más sentidas o empáticas que traten de ser, las disculpas públicas no bastan.

Aquel tiempo fue muy duro para la institución, duro para los regiomontanos, pero doloroso a más no poder para dos familias enlutadas por ese enfrentamiento entre sicarios y el Ejército.

En días posteriores se llevó a cabo un evento sin precedentes en la historia de esa institución educativa: una marcha para exigir justicia, y en los 9 años que han pasado el clamor ha sido el mismo en voz de los afectados por este grave acontecimiento. Lo más importante era limpiar el nombre de los jóvenes asesinados, pero no lo es todo.

No es fácil pedir perdón, es valioso cuando personas o instituciones lo hacen; pero dicho acto no constituye una reparación si no va acompañada de una justicia completa.

Así lo expresa Rosa Elvia Mercado, madre de Jorge Antonio, quien a la distancia se pregunta qué estaría viviendo a estas alturas con su hijo, quien seguramente ya la hubiera hecho abuela.

Aquel Monterrey del sobresalto ya no existe, al menos en esa intensidad. Pero como el caso de los estudiantes hay muchos más que podrían también ameritar un evento como el de esta mañana. No pasará con los demás, no pasará porque no fueron tan impactantes en el ambiente, no ocurrieron en una institución de renombre a nivel nacional como es el ITESM, ni en plena zona urbana.

Son dolores que no se curan, y que aún con el perdón que no se niega, deben servir a todos como huellas de un ambiente violento que debemos evitar que vuelva.

Jorge, Javier, los 52 del Royale, Jorge Otilio Cantú y muchos más deben ser considerados símbolos tristes de una época oscura.

Perdonar, pero no olvidar; porque quien olvida su historia está condenado a repetirla.

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