El Pulso

¿Por qué no una segunda vuelta?

Víctor Martínez Lucio

Pase lo que pase en los tribunales federales, en Monterrey y Guadalupe, Nuevo León, gobernarán alcaldes con bajos niveles de aprobación.

La decisión de revertir los triunfos hará que hoy se entreguen constancias de mayoría a dos priistas, tan solo a unas semanas de haber hecho lo mismo con dos panistas.

Todos coinciden en un punto: los comicios del 1 de julio tienen como característica el desorden y un auténtico final de fotografía que augura descontento.

Adrián de la Garza consiguió 131 mil 214 votos, por encima de los 130 mil 085 de Felipe de Jesús Cantú, en Monterrey.

En Guadalupe, Cristina Díaz Salazar consiguió 67 mil 322 sufragios, superando a Pedro Garza Treviño, quien se quedó con 66 mil 307, muy cerca.

Tal vez ahora sí habrá que reconocerlo: urge la segunda vuelta en el sistema electoral de México.

No es novedoso, solo en nuestro país, por diversas razones y miedo de los partidos, no se ha implementado.

La segunda vuelta electoral o ballotage (proveniente del francés ballot, voto) es un sistema electoral que permite realizar comicios en dos etapas o vueltas, cuando ningún candidato obtiene un porcentaje mínimo considerado.

Nació en Francia en 1852 para elegir diputados, y ahora es su herramienta en elección de presidente. Cuando ningún candidato llega a la mayoría absoluta, los dos punteros se disputan la segunda ronda. Con este método Charles de Gaulle buscó legitimarse y tener la fuerza para enfrentar la crisis política en su país hace 60 años, en la fundación de la llamada Quinta República.

Hoy en día, este modelo electoral se utiliza en muchas partes del mundo, sobre todo a la hora de elegir presidente.

En términos prácticos ofrece un beneficio palpable, que quien llegue a tal cargo de elección popular vaya debidamente legitimado.

En nuestro continente, el primero en implementar la segunda vuelta fue Costa Rica, en 1949, después Argentina, Brasil, Chile, entre otros. Pero México no forma parte de ese grupo de países donde existe la segunda vuelta en elecciones, igual que Honduras, Panamá, Venezuela y Paraguay.

No es un debate nuevo; en 1998 la propuso por primera vez el legislador panista Rafael Castilla, luego el priista Fernando Ortiz Arana en 2001, y la lista siguió hasta llegar a 21 iniciativas, pero ninguna ha prosperado.

Solo en 1997 hubo segunda vuelta en 23 municipios de San Luis Potosí; en unas elecciones muy concurridas, luego en el 2000 se aplicó en 19 ayuntamientos.

De pronto, una reforma borró del mapa esta opción que tuvo una vida útil hasta el 2005. En noviembre de 2012, Felipe Calderón firmó una iniciativa sobre la segunda vuelta en la elección presidencial y en mayo del año pasado la senadora panista Mariana Gómez del Campo presentó una iniciativa de reforma sobre el tema, pero no avanzó.

Sus promotores aseguran que permitiría a los ciudadanos reflexionar más su voto y reduciría el abstencionismo.

También hay voces que hablan interrogantes como: ¿cuánto tiempo se necesita para que los tribunales electorales resuelvan las impugnaciones en una primera vuelta, y así declarar validez para proceder a la segunda?

Y la más recurrente; ¿cuánto costaría al erario implementar una segunda vuelta?, ya que implicaría aumentar el gasto en los comicios.

Sin embargo, elecciones como las que tuvimos en municipios de Nuevo León, llevadas a los tribunales, bien parecen justificar que nos actualicemos en la materia, si no hay que atenerse a las consecuencias.

victor.martinez@multimedios.com



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