El Pulso

Y después del Día de la Mujer, nada

Víctor Martínez Lucio

Si hacemos una lista de causas comunes en nuestro presente, para quienes habitamos en México, sería sencillo y a la vez revelador.

Todos hemos respaldado la lucha por los derechos de los niños, por el medio ambiente o el cuidado de los animales.

Pero pocas causas tan trilladas hoy en día como la lucha por reconocer el valor de la mujer, la defensa de sus derechos y la tan mencionada equidad. ¿Quién en su sano juicio se atreve a oponerse a esta avalancha de discursos y manifestaciones públicas que en semanas como la pasada inundan las redes sociales, los medios tradicionales y ocupan los espacios principales en el mensaje político?

Nada mal para una sociedad como la nuestra, que aspira a ser progresista, moderna y a la vanguardia en estos temas.

Pero, sin ser aguafiestas, dedicar el viernes 8 de marzo a celebrar el Día Internacional de la Mujer no deja de ser un rasgo poco auténtico y de escasa honestidad en el país en que vivimos.

Échele un ojo a los feminicidios, con sus altas cifras en entidades como el Estado de México, y el preocupante incremento de casos en Nuevo León.

Si se la hace mucho llegar hasta allá, piense un poco en los rasgos característicos de la sociedad a la que pertenecemos. Cómo andaremos que aún tenemos que luchar por que se reconozca la equidad de género en la función pública. Qué tan mal no estamos que en el fondo este renglón es un engaño, porque una equidad a la fuerza no es ayuda, solo es para quedar bien. La equidad forzada es lo que realmente se ha logrado.

Seamos sinceros, por si no lo sabe, en la política la mujer ha tenido que arrebatar los espacios, tuvo que hacerlo así, porque por voluntad propia pasaron muchos años y nunca se dio.

Eso es en la política; ni pensar en la vida laboral, donde los puestos de dirección siguen siendo para los hombres, salvo excepciones en que el nivel de un elemento del sexo femenino venció dicha tendencia. Luego viene esa costumbre de la mujer, de convertirse en la peor enemiga del género al soltar aquello de: “Le dieron un ascenso, claaaaro, porque dio algo a cambio”, lo dicen sobre todo las mujeres al referirse a la que destaca, cuestionando sus logros, como si la única forma de subir escalones a nivel profesional fuera dar favores sexuales. Sí, lo hacen las mujeres con mayor frecuencia que los hombres.

En la casa de muchas familias mexicanas aún se sigue aplicando aquello de que la mujer es la única que cocina, la que debe ser servicial y sumisa. Y en contraste otro gran número ha confundido la lucha por la equidad con una emancipación, una confrontación directa con los hombres, como si nuestras maravillosas diferencias naturales no fueran el digno atractivo para unirnos todos.

Si lo expuesto en estas líneas fuera impreciso no estaríamos celebrando a la mujer un día al año, no estarían forzando en los congresos y las alcaldías una equidad, por designación y no por mérito.

El Día Internacional de la Mujer queda en nivel de propaganda, cuando se celebra con fiestas, reconocimientos, flores y discursos para quedar bien; para que al día siguiente o esa misma noche, los roles vuelven a ser los mismos.

victor.martinez@multimedios.com

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