El Pulso

Bomberos, un conflicto a fuego lento

Víctor Martínez Lucio

Hace muchos años, George Eliot escribió que “El mejor fuego no es el que se enciende rápidamente.”

Esta frase de la escritora británica Mary Anne Evan, escondida bajo el seudónimo antes mencionado, puede ser útil para iniciar un relato de la crisis que enfrenta Bomberos de Nuevo León en nuestros días.

Contrario a lo que pudiera pensarse, las manifestaciones que comenzaron el 24 de abril son la llama viva de un conflicto que se ha gestado “a fuego lento”. Un movimiento que atizó los ánimos, y que está lejos de ser espontáneo o improvisado.

Empezaba el 2018 y un grupo de bomberos hartos de las malas condiciones de sus uniformes de trabajo, la escasez de herramientas y las deprimentes instalaciones, decidieron elevar su voz.

Su decisión de agruparse llegó a oídos del Patronato, y comenzaron las represalias: arrestos laborales, trato discrecional, apoyos a los favoritos porque agachaban la cabeza.

La molestia se convirtió en indignación, y la pregunta se hizo más fuerte: ¿Dónde está el dinero que entra al Patronato?

Nació entonces un movimiento sin precedentes, un grupo de bomberos decidido a llegar hasta las últimas consecuencias. Para febrero, este grupo se apoyó con personas clave, ex integrantes del Patronato que conocían la operación del dinero y aseguraban que la sospecha era atinada, malos manejos de Guillermo Guzmán y sus allegados.

La mañana del 24 de abril, ante las filtraciones, se dio el detonante; un bombero radicado en el municipio de Santiago debía presentarse en una estación más lejana a su domicilio, por la tarde comenzó la manifestación a recorrer la avenida Constitución, por primera vez en más de 100 años de la institución.

La presión sirvió para que el 11 de mayo iniciara una auditoría a las finanzas de la ABP y la AC en las que está constituida la corporación. No solo por el presunto desvío superior a los 30 millones de pesos, (más donativos en especie), también por el gasto reportado en combustible, que dicen “baja el cero y no contiene”.

Mientras se investiga, los bomberos trabajan con sueldos de miseria y con uniformes desgastados e inseguros; se habla de crecimiento en instalaciones, pero la estación 13 no funciona; la 14 de Salinas Victoria no tiene agua potable ni teléfono; otras tres operan sin estar terminadas. Por su construcción se pagaron 24 millones de pesos que ya salieron de las arcas. ¿Se pagó por adelantado?

Pero parece no urgirle al encargado de revisar la situación, al menos eso hace pensar el responsable Arturo Quintero con su prolongado viaje a Europa mientras el fuego no se apaga.

Es cierto que en este movimiento también participan fuerzas externas, grupos o personajes que intervienen y pudieran sacar provecho, pero el desesperado va a todas, y los bomberos necesitan apoyo para seguir.

¿Hasta dónde están dispuestos a seguir con sus protestas? No

sabemos, pero como escribió alguna vez Oscar Wilde: “La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse.”

Veremos.

victor.martinez@multimedios.com

OPINIONES MÁS VISTAS