El Pulso

Si y solo si...

Víctor Martínez Lucio

Cuando era niño y estudiaba la primaria, llamó mi atención un concepto matemático que, pese a su sencillez, con el paso de los años parecemos dejar en el olvido.

Se trata del bicondicional, y se queda grabado cuando recordamos el “si y solo si” que sirve para formular las oraciones cuya condición es lógica; “P es verdadera si y solo si Q es verdadera también”.

Dicho conectivo lógico es útil para plantear el tema de este artículo.

El lunes 20 de agosto arrancará el ciclo escolar 2018-2019, y con él entrará en vigor el Nuevo Modelo para la Educación Obligatoria en México.

Suena muy elegante y hasta novedoso este plan anunciado el año pasado por el presidente Enrique Peña Nieto, y que “actualiza” nuestro vetusto modelo implementado en 1959.

Las autoridades educativas buscan mejorar la calidad de lo que se enseña, de los profesores y las escuelas.

Los resultados se verán en 10 años, dicen los autores del plan.

Si revisamos uno a uno sus cinco ejes llegaremos a la conclusión de que “el objetivo se logrará si y solo si se logran otras condicionales”.

El primero es el cambio pedagógico, que consiste en erradicar el método de estudio basado en la memorización, y con acciones didácticas, mejorar el razonamiento de los alumnos, enseñarles a pensar por sí mismos, formular hipótesis, resolver problemas, desarrollar talentos y capacidades.

Habrá cambio pedagógico si y solo sí los maestros de todo el país llevan al máximo su interés por el alumno y desarrollan su creatividad.

El segundo pone a la escuela como el centro del sistema educativo, por lo que se buscará la creación de comunidades de aprendizaje; que cada escuela sea autónoma en su forma de impartir clases, de acuerdo con las necesidades que detecte en sus alumnos.

Funcionará si y solo si cuentan con recursos propios e infraestructura, que por cierto dependerá ahora de cada plantel. Cada escuela conseguirá sus insumos; vaya problema.

El tercero se refiere a la formación y desarrollo profesional docente, es decir, la evaluación académica constante de los maestros para mejorar su rendimiento y ganar más.

Habrá mejores maestros si y solo si la evaluación deja de ser una amenaza de perder el trabajo, como ha ocurrido desde su nacimiento.

El cuarto eje habla de inclusión y equidad; busca que todas las niñas, niños y jóvenes tengan las mismas oportunidades educativas sin importar su origen, etnia, condiciones económicas o discapacidad.

Será posible si y solo si se empieza por la contratación de especialistas en psicología, que no hay, porque no le ven importancia; si además se mejora la infraestructura y se hacen planes de becas, aunque no sea por campaña política o de redondeos.

Y el quinto es la gobernanza del sistema educativo; y pretende que los maestros, padres de familia, sindicatos, gobiernos locales, Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y la sociedad civil trabajen con una coordinación real en favor de las mejoras en la enseñanza.

Será realidad si y solo si deja de ser un discurso político para convertirse en una preocupación real.

Hay algunas verdades que hacen ver en su verdadera dimensión esta “innovación”; que los colegios privados aplican esas ideas hace décadas, que los maestros no están bien pagados y se sienten amenazados, y que justo de ellos depende el éxito de los planes.

Un maestro inconforme será sinónimo de fracaso para el nuevo modelo.

Y la más cruda de todas, los recursos en educación son bastante grandes, pero no se reflejan en donde deben. También ahí se roba y a manos llenas.

De los líderes magisteriales ni hablamos, son otro gran tema.



Es justo por todo esto que la buena educación sigue siendo asignatura pendiente, al menos en las escuelas públicas.



Ante ese escenario, una década parece poco.



Lo veremos.



victor.martinez@multimedios.com


@victormtzlucio





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