M+ Las elecciones intermedias suelen ser un referéndum del presidente en funciones y esta elección intermedia de Estados Unidos no fue la excepción. Al cierre de esta edición, el partido demócrata promete hacerse del control de ambas cámaras. Ola azul.
El escenario es un duro golpe contra un Trump que llegó a la presidencia prometiendo mejorar el poder adquisitivo de los estadunidenses y que en vez de ello, detonó una crisis inflacionaria al imponer aranceles indiscriminados, comenzar una guerra contra Irán y debilitar al dólar con decisiones políticas erráticas e improvisadas.
En México es tiempo de celebrar, pero no sin reservas.
La derrota de Trump implica un revés para el republicano, pero no una limitante a su poder. Muchas de las decisiones que Trump ha tomado han venido en forma de decretos y medidas ejecutivas que no pasaron por la aprobación del congreso. Tal fue el caso de los aranceles, la militarización de la frontera y el nombramiento de los cárteles de la droga como organizaciones terroristas.
Más aún, hay tres políticas trumpistas que afectan directamente a México y que cuentan con el apoyo de ambos partidos. Es decir, que seguirán implementándose aun si se materializa el triunfo demócrata.
En materia comercial, ambos partidos son favorables al proteccionismo y albergan cada vez más recelo sobre el tratado comercial con México. La revisión del TMEC continuaría siendo tortuosa.
En materia migratoria, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) aseguró su financiamiento hasta 2029 con el apoyo de demócratas y republicanos. Esto garantiza que las detenciones y deportaciones continuarán sucediendo.
Y finalmente en cuanto a seguridad ambos partidos han expresado un deseo por continuar combatiendo a las organizaciones criminales mexicanas. De hecho, una de las pocas políticas trumpistas que tiene amplia aceptación entre el electorado estadunidense es la protección militarizada de la frontera.
Quizá lo más delicado es cómo Trump pueda reaccionar ante su derrota. Un presidente políticamente derrotado puede ser más agresivo que uno triunfante.
No podemos descartar que Trump, enfadado, recurra a cambios en la política exterior para demostrar su poderío, un área en la que conserva amplios poderes constitucionales y con la que podría afectar a México. Su deseo por invadir México, realizar acciones militares unilaterales o controlar la frontera puede cobrar más urgencia.
Por lo pronto, lo cierto es que el electorado estadunidense ha dado un golpe en la mesa. Trump no solo no cumplió con lo prometido en su campaña, sino que traicionó a sus votantes convirtiendo a la oficina del ejecutivo en un espacio de impunidad, corrupción y enriquecimiento personal.
Hoy el mundo puede respirar un poco más aliviado sabiendo que nuestro socio comercial no continuará por un camino de involución democrática y deterioro ético.
Esta noche Trump no dormirá tranquilo.
México sí.