Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Viajes y fotografía

Xavier Moyssén Lechuga

Recuerdo que salir de vacaciones era un acontecimiento que involucraba a la familia entera. Era una actividad que se planeaba con toda anticipación. En ese entonces los viajes, siempre que fuera posible, se hacían por carretera, lo que permitía conocer más lugares que solo el destino final. La cámara fotográfica era de los enseres que no podían faltar desde que se anunciaba a dónde iríamos esa temporada; como en la mayoría de las familias era parte de la parafernalia que llevaba consigo, en exclusiva, el pater familias. Esos y algunos otros eran los momentos indicados del año para hacer las fotos que serían parte de la memoria familiar.

La fotografía de viaje, quizás después del retrato, sea uno de los géneros más antiguos. De él se desprenderán, por ejemplo, la fotografía de paisaje, la arquitectónica y de monumentos, la arqueológica y antropológica, la geográfica y hasta la de sociales. Que sea entonces cuando se desarrolla va de acuerdo al talante diletante que prevalece en el siglo XIX y que se asombra al comprobar lo amplio y variado que es este mundo, por lo que trata de aprehenderlo todo, de saberlo todo, de no dejar escapar nada y qué mejor instrumento para hacerlo que la recién dada a conocer fotografía.

Gracias a los archivos que se han formado con esas imágenes podemos conocer, casi al detalle la historia reciente de construcciones, lo mismo del pasado remoto que actuales, los espectaculares logros de la ingeniería, la vida de otros pueblos, pero también, por desgracia, cómo en tan corto tiempo hemos destruido la naturaleza, las obras de culturas milenarias, las costumbres de otros.

Las fotos de viaje de mi familia, poco profesionales, cándidas, me parece que estaban imbuidas de la misma curiosidad que debieron tener los viajeros del XIX y principios del XX que cámara en mano no cesaban de registrar todo lo que les resultaba ajeno, distinto, curioso, extraño, bello y hasta peligroso. En las fotos que mi padre tomaba en vacaciones se ve mucha arquitectura y mucho paisaje, pero también mucho de nosotros al comer a la vera del camino, en los puestos de la playa, en los restaurantes del pueblo. Mucho de nosotros en los mercados, en la compra de chucherías y mucho de nosotros en convivencia con los propios del lugar a donde llegábamos. Y después mucha carretera de ida y vuelta. ¿Cómo no van a ser memorables esas fotografías convertidas en diapositivas? ¿Cómo no recodar este o aquel lugar? ¿Cómo llegábamos y con qué incidentes teníamos que lidiar? ¿Cómo no iba a ser parte de la familia esa cámara de 35 mm orgullo y singular posesión de mi padre?

Es lógico que esta forma de viajar en temporada de vacaciones se haya visto superada y con creces desde hace mucho, no sé si para bien o para mal, pero era imposible que se mantuviera por siempre. Al cambiar uno de los elementos que daban vida a esta actividad, cambiaron todos los demás incluida, en primerísimo lugar, la cámara fotográfica que de ser instrumento privado del cabeza de familia pasó a ser objeto manipulado, vía los teléfonos inteligentes, por todos y cada uno de los miembros del grupo. ¿Puede haber así una memoria colectiva de la familia?

Si uno acude por ejemplo al Instagram y acciona el botón correspondiente a viajes, se verá inundado por miles de imágenes, quizás más que en cualquier otra categoría. Obviamente no he visto más que una mínima parte de ellas, entre todas debe haber, sin duda, imágenes sensacionales, honestas, mas lo que he visto se podrían agrupar en tres grandes temas: las repetidas hasta la nausea; las maquilladas para hacer creer que se estuvo cerca del cielo y los selfies, entre más arriesgados mejor, con lo que demuestro que no hay nada más grande o superior a mi ego.

A reserva de mejor opinión, ninguna de ellas invita, por lo menos a mí, a viajar, ¿para qué si todo es igual, lo mismo? La Eiffel es la Eiffel, el Cañón del Cobre está idéntico y hasta la Isla del Padre sigue con la gente de siempre, ¿para qué viajar entonces? No cabe duda, en este caso, la fotografía dejó de funcionar. 


moyssenl@gmail.com

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