Claman justicia en sepelio de linchados de Acatlán

El párroco del municipio llamó al perdón equiparando la situación con la pasión de Cristo, sin embargo, el resto de los pobladores exigieron justicia y apoyo de las autoridades, pues la familia, como muchas otras de la región tiene una situación econ
Dan último adiós a los dos campesinos linchados en Acatlán (Agencia Enfoque)
La despedida se realiza en la comunidad de Tianguistengo (Agencia Enfoque)
Dan el último adiós a Alberto y Ricardo Flores (Agencia Enfoque)
Dan último adios a linchados inocentes. (Josué Mota)
Sepelio de los dos campesinos linchados en Acatlán (Agencia Enfoque)

Josué Mota

¡Justicia, justicia, justicia!, gritaban los familiares y amigos de Alberto y Ricardo Flores, mientras otros realizaban las labores para descender los féretros hasta el fondo de las tumbas. Un poco antes de estos gritos espontáneos y que salían entre lágrimas, una mujer, que dijo ser la inspectora de la comunidad de Tianguistengo, donde vivían estos hombres, pidió que el crimen cometido el miércoles pasado en Acatlán de Osorio, no quede impune y exigió al gobierno del estado que apoye a los deudos que enfrentan una situación económica complicada, como la mayoría de las familias de la región. 

Cerca de un centenar de personas fueron las que se congregaron en la parroquia de este pequeño pueblo, perteneciente a Acatlán, en cuya cabecera municipal mataron con fuego a estos dos hombres. Es decir, fueron ultimados por sus propios vecinos. Durante la misa de cuerpo presente, el párroco hizo un llamado al perdón y recordó a los fieles el episodio de la pasión de Cristo, en el que pide el perdón para aquellos que lo atacaron. 

Los pobladores de esta pequeña comunidad enclavada en la Sierra Mixteca se mostraban amables con los reporteros que acudieron al lugar ayer, pero también sorprendidos por la rareza de la visita pues aseguran nunca antes habían tenido tanta presencia de los medios de información y lamentan que sea por una noticia que ha embargado de luto a toda la población. 

Cerca de la una de la tarde, los cuerpos de Alberto y Ricardo Flores dentro de los féretros fueron llevados en camioneta al pequeño panteón de la comunidad, y tras los rezos y antes de hacer el descenso final de las cajas mortuorias, una mujer leyó una pequeña carta en la que lamentó no haber podido evitar el linchamiento del miércoles, pero también lamentó que, un rumor hubiese acabado con la vida de estos hombres de 56 y 21 años, lamentó que ninguna autoridad en Acatlán de Osorio hubiese hecho lo necesario para evitar los homicidios. 

Dijo que el gobierno del estado no ha ofrecido ningún tipo de ayuda a los deudos y recordó que la mayoría de los vecinos viven en una situación precaria, pero reprochó que esa precariedad exista también en los valores de los hombres que participaron prendiendo fuego a las víctimas. 

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Con gritos de desesperación, el padre de Ricardo lanzó un “se llevaron a mi hijo y se llevaron a mi hermano y ya no van a volver”, y la gente lo acompañó con “¡justicia!” el hermano de Ricardo parado al borde de la tumba abierta recordó que intentó salvar a su hermano de la turba y no lo consiguió, una mujer dijo que les rogó a la muchedumbre que no los mataran, les dijo que eran personas inocentes de cualquier delito y sólo recibió empujones y amenazas.

“¡Que no haya impunidad, que se haga justicia!” Gritó una compañera de Ricardo, quien momentos antes dijo que este muchacho de 21 años era un estudiante que gustaba de escribir poesía y con talentos en distintas áreas. Los gritos de justicia se mezclaban con los llantos.

Luego comenzó el descenso de los cuerpos y la música de banda que acompañó todo el trayecto del cortejo fúnebre, volvió a retumbar casi simultáneamente con los cohetones. “¡Música alegre!” Les pidió el papá de Ricardo que lloraban a su hijo y a su hermano. La mayoría de los vecinos de Tianguistengo comenzó a partir y quedó entonces casi solo la familia alrededor de la tumba.


ARP

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