Niños en prisiones, limitados por la falta de oportunidades

Dos organizaciones civiles que trabajan con hijos de mujeres recluidas y adolescentes con problemas legales coinciden en que su condición es resultado de la desigualdad.
Reinserta busca que los pequeños que viven en las cárceles puedan integrarse a la sociedad y ser buenos ciudadanos. (Especial)

Milenio Digital

Hasta julio de 2017 se registró una cifra de 7 mil 786 adolescentes en conflicto con la ley, de los cuales mil 638 están en centros de internamiento, de acuerdo con estadísticas del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social. Esta situación, afirman especialistas en este ámbito, es resultado de la desigualdad, la falta de oportunidades y la escasa educación.

Entre las asociaciones que intentan cambiar ese panorama destaca Reinserta, una organización de la sociedad civil (OSC) que busca combatir la inseguridad en México por medio del funcionamiento del sistema penitenciario, que representa un eje central en la estrategia de seguridad nacional. “Estamos dedicados a la prevención del delito, al abono de la legalidad, a la mejora de impartición de justicia penal y al respeto de los derechos humanos, en especial de aquellas personas privadas de su libertad, impulsando políticas públicas para atacar los problemas de raíz y crear transformaciones reales”, explicó en entrevista Saskia Niño de Rivera, presidenta y fundadora de dicha organización.

Niño de Rivera detalló que, al no haber oportunidades, carecer de educación y tener nula perspectiva de género, la reinserción a la sociedad de quienes delinquen se vuelve una tarea difícil pero no imposible. “Gracias al apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), nuestros programas están basados en evidencia con enfoque de género, perfectamente medibles y replicables. Nuestro objetivo puntual, por el que todos los días trabajamos, es ser la fundación más grande de México a través de nuestros programas de reinserción en centros de internamiento y de reinserción para jóvenes, empoderándolos en diversas áreas como salud mental y bienestar, justicia restaurativa, autocuidado y habilidades para la vida, así como habilitación laboral y educación mediante nuestro programa de autosustentabilidad”.

MATERNIDAD EN PRISIÓN

Entre los problemas de inequidad social que padecen los menores, la maternidad en prisión es un rubro muy importante. “Intervenimos y trabajamos con familias que nacen y viven en prisión. Las cárceles son inhumanas, con autogobiernos y demasiada sobrepoblación. Tienen condiciones insalubres y cero perspectivas de género, por lo que buscamos empoderar a las mujeres recluidas para que dejen atrás el modelo de conductas delictivas y de esta manera hacemos prevención de delitos futuros. Tratamos de cambiar su manera de pensar, explicándoles que la cárcel, la violencia y la delincuencia no son normales”.

En el rubro de la educación, agregó Niño de Rivera, “tenemos un modelo de intervención con talleres semanales en las prisiones y generamos un ambiente libre de violencia a través de espacios lúdicos. Los niños, de acuerdo con la prisión (en la que vivan), pueden permanecer con sus madres hasta los 12 años, también dependiendo del estado. Cuando el niño sale, lo llevamos a una casa hogar a través del modelo de maternidad compartida. La idea es devolverlos a la sociedad y que sean productivos y buenos ciudadanos. Nuestro modelo es sustentable, medible y replicable”.

Al respecto, Martha Lara Rodríguez, directora general del Centro de Atención y Desarrollo Educativo de Niño y Adolescente Cadena IAP, aseguró que es amplia la lucha por tener jóvenes en libertad y con las herramientas y ambientes necesarios para crecer, por lo que hay mucho trabajo pendiente. “Somos una institución de asistencia privada con 20 años de experiencia. Tenemos como labor fundamental dar orientación en materias psicoeducativas a personas con problemas de conducta, aprendizaje y socioemocionales, a fin de reinsertarlas en los ámbitos que se encuentran, pero en una mejor posición”, explicó en entrevista.

“Cuando las exigencias de una escuela corriente no pueden ser cubiertas por este tipo de niños y adolescentes, es el momento en que las maestras nos canalizan los casos. Cabe destacar que en la época actual son los niños quienes resienten las nuevas modalidades en el cambio de funciones de las dinámicas familiares y es entonces cuando solo tienen como recurso las expresiones, que mayoritariamente se dan en el ámbito escolar, sin distinción de clases sociales o formación académica. El niño no encuentra una referencia en la autoridad al ser tratado como un amigo, con la falsa idea de dejarlo hacer todo para evitar la frustración”, aclaró la especialista.

“A través de plantear diferentes paradigmas de atención a los niños es que hemos logrado tener un modelo de psicoatención exitoso, es decir, no centrar toda la responsabilidad en el niño, interviniendo de manera asertiva en los factores de riesgo que desencadenan la problemática. Con nuestra atención evitamos que se desencadenen problemas graves como deserción escolar, fracaso, frustración, depresión, violencia y adicciones”, detalló Lara. Adicionalmente, concluyó, “atendemos a niños de alrededor de 3 años, así como a sus padres, lo que suma un beneficio mensual de cerca de 200 personas. Nuestros mayores retos siguen siendo culturales. Lo que más difícilmente se refleja es el modelo que domina en las familias y lo difícil que es acceder al cambio de ese modelo”.

Con información de Liliana Noble Alemán.

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