Jóvenes de la ‘4T’ impulsan las auditorías a las universidades

Historias

Los alumnos denuncian compras de cafeteras de 25 mil pesos, bancas de 37 mil y relojes de 10 mil.
Los miembros de la red estudian en la UNAM, el "Poli" y la UAM, entre otras. (Juan Carlos Bautista)

Melissa Del Pozo

Inspirados en el movimiento #YoSoy132 que irrumpió en la elección presidencial de 2012, jóvenes de la UNAM, IPN, UAM, UACM y universidades públicas de Zacatecas, Puebla, Nuevo León y siete estados más integraron la red estudiantil por la democracia.

Un grupo que, a diferencia del que se formó hace seis años, no exige que un candidato decline, que un mandatario renuncie, ni tampoco la democratización de la prensa. Con un lenguaje que enarbola la transparencia, en medio del debate por el recorte presupuestal a las universidades, surgieron como un sector de apoyo a la Cuarta Transformación.

La red, como el 132, surgió de la espontaneidad, y porque nos "dimos cuenta de que hay un aparato burocrático en las universales que no permite que la comunidad incida en la toma de decisiones de cada una de nuestras casas de estudio", explica Damaris, una chica menuda, de cabello dorado, labios rosas y estudiante de Economía en la UNAM.

Decididos a "incidir", el pasado 18 de diciembre apareció un video en redes que se viralizó en minutos, en él aparecían estudiantes de la UNAM, el Politécnico, la UAM, la UACM y de las universidades autónomas de San Luis Potosí y Puebla que, con credencial en mano, pedían auditorías para sus universidades, seguido del hashtag #AuditoriaALasUniversidades.

La Red Estudiantil por la Democracia que Damaris, Zyanya Martínez, estudiante de Economía en el IPN, y Mario Ocampo, estudiante de la UAM Iztapalapa, iniciaron en enero de 2018, creció en minutos y en las horas subsecuentes lograron que miles de usuarios se opusieran a la reducción del presupuesto a las universidades, pero sobre todo se sumaron a la demanda de transparentar los recursos que reciben.

"Encontramos irregularidades en los reportes que las universidades ponen a disposición en los portales de transparencia y nos hemos dado cuenta de que existe corrupción", explica Damaris.

La red identificó compras efectuadas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM de bienes materiales con precios elevados, por ejemplo, una cafetera de 25 mil 500 pesos, un reloj de 10 mil, una banca de 37 mil 250 pesos, una mesa de trabajo de 57 mil 282 pesos y un locker de 45 mil 970 pesos.

Por su parte, los estudiantes de la UAM adheridos a la red exigen que las autoridades aclaren la acusación que se hizo en 2016 contra el ex rector de esa universidad Salvador Vega por el presunto desvío de 350 mil millones de pesos.

Mientras que los estudiantes del Politécnico Nacional, como César Balcázar, de Economía, que se han integrado a la red Estudiantil por la Democracia han detectado que los ex directores del "instituto cobran sin dar las clases, a pesar de que es una obligación para mantenerse dentro, y creemos que es necesario que se investigue".

Y esos, dice Zyanya Martínez, “son solo algunos ejemplos que hemos visto de que las universidades suelen ser espacios de corrupción para algunos gobiernos, que ha habido muchos fraudes en los que las universidades han sido aliados de muchas instituciones gubernamentales".

Respecto a si son "acarreados", "pejezombies" o "chairos" como los denostan también en las redes sociales, Damaris, líder del movimiento, asegura que ninguno de los miembros de la red "negará su inclinación política, pero no somos pagados, y cualquier acusación de ese tipo es una forma de decir que nosotros no podemos generar un pensamiento crítico".

"Nosotros tenemos que señalar lo que no nos parece del actual gobierno, como también invitamos a los jóvenes a votar el pasado 1 de julio en el simulacro que realizamos, pero eso no nos pone del lado del Presidente, nosotros queremos que las escuelas inviertan bien los recursos".

"Esto es la punta del iceberg", dicen los cuatro estudiantes reunidos en el Monumento a la Revolución de Ciudad de México. "Esto esto va a hacer que los estudiantes reflexionen que está pasando en sus casas de estudio y que encuentren más problemáticas, pero también soluciones".

Las calles, dice Damaris, "no las vamos a dejar, como lo hicieron los del 132, pero también vamos a hacer uso de las instituciones, como no se ha hecho, vamos a cambiar la forma de hacer política en las universidades y esperamos que más jóvenes se dejen contagiar y, a diferencia del 132, nosotros tenemos objetivos trazados y mucha, mucha organización".

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