Sueños y talentos

ESPECIALES MILENIO/HISTORIA/A UN AÑO DE LOS SISMOS

El 19 de septiembre de 2017 el sismo magnitud 7.1 cimbró Ciudad de México y 19 niños perdieron la vida en el Colegio Enrique Rébsamen. A un año, queremos recordar a 14 de ellos y conservar su memoria a través de sus habilidades personales…
Con coronas honran la memoria de las 37 personas fallecidas en el Colegio Rébsamen tras el sismo del 19 de septiembre/Araceli López.

Vanessa Job

​Paola Mireya Jurado Rodríguez. 7 años, segundo de primaria. En un mismo día era capaz de pasar de un salón a otro con sus clases de ballet, jazz y tae kwon do. Sus maestros admiraban su energía. Podía romper una tabla de un golpe y ser una delicada bailarina. Le otorgaron cinta negra post-mórtem en diciembre de 2017.



Francisco Quintero Ruiz. 7 años, segundo de primaria. La música comienza a sonar, Paquito se transforma en un cantante profesional. Era un niño musical. Sabía que su misión en la vida era cantar bien. Hizo que su padre le prometiera que lo llevaría a un casting para ser una estrella de televisión. Todos los días su papá lo despertaba con su canción favorita: “Despacito”.



Eduardo Díaz Velázquez.7 años, segundo de primaria. Eddie fue un niño muy deseado. Su hermano Raúl siempre les pedía a sus padres un compañero de juegos y así fue como decidieron embarazarse. Desde los cuatro años practicó tae kwon do hasta alcanzar la cinta marrón. Era un niño noble y generoso que quería donar sus juguetes a los damnificados del sismo de Oaxaca. Tres semanas antes del sismo le pidió a su hermano Raúl que le enseñara a tocar el piano.



Gustavo López Arce Ortiz. 7 años, segundo de primaria. Superó su miedo a nadar en el mar para competir como triatleta; nadó, corrió y anduvo en bicicleta hasta alcanzar una medalla de Iron kid. Tocaba la batería, y entonaba con voz ronca e inglés perfecto su música favorita: el heavy metal. Las hamburguesas le quedaban ríquisimas.



Mónica Blanquel D’Fargo. 7 años, segundo de primaria. Observarla hablar de sus clases de gimnasia hacia imaginar en una futura profesional. Su talento para esa disciplina afloró desde muy pequeña: era muy flexible y aprendió sola a dar vueltas de carro.



Raúl Alexis Vargas Macías. 7 años, tercero de primaria. Intentó otros deportes como el "basket", pero patear el balón era su pasión, por eso ingresó a las fuerzas básicas del América. Su padre dice que era sumamente amoroso y cuando uno lee y escucha las conversaciones por WhatsApp, puede darse cuenta de las miles de palabras de amor y corazones que le mandaba.



Eileen Ramírez García. 7 años, segundo de primaria. Sus padres son buzos profesionales, quizás, de ahí heredó su facilidad para snorkelear. Le encantaba observar a los peces y agarrar las algas marinas. Desde que estaba en kínder decía que quería ser científica, por eso cuando conoció el laboratorio del colegio Rébsamen decidió que se quería inscribir en esa escuela. Amaba la adrenalina de los juegos mecánicos extremos, los paseos en cuatrimoto o montar a caballo.



José Eduardo Huerta Rodríguez. 7 años, segundo de primaria. Tenía una facilidad extraordinaria para el inglés desde que era pequeño. Tenía 9.5 de promedio y quería dar la batalla por el 10 para que su madre se sintiera orgullosa. Todas las tardes acompañaba a su mamá a trabajar en la farmacia, donde a veces hacía travesuras o manualidades.



Aned Marian Romero Gutiérrez. 7 años, segundo de primaria. Quería ser científica, a ella le apasionaban los animales extraños como la araña panza roja, la víbora de cascabel y el águila real. Buscaba caracoles en el jardín y organizaba carreras. Era super ñoña, le molestaba que otros niños hablaran en clase y la distrajeran. Sus padres usan como remedio para los chipotes el chocolate. Su hermanita menor se ríe al recordar cómo Aned le chupaba la frente llena de dulce.



Santiago Flores Mora. 6 años, segundo de primaria. Amaba jugar futbol con sus primos, tenía habilidades para los deportes. A su padre le sorprendía su destreza en el voleibol a pesar de su corta edad. A él le importaba mucho mantener unida a su familia y quería ser maestro como sus padres, pero también futbolista.



Daniela Ramírez Badillo. 7 años, segundo de primaria. Para ella todo era mágico, por eso sus padres la llaman Dany Mágica. Acudía a clases de piano y ya empezaba a tocar sus primeras melodías. Amaba visitar a su abuela para jugar con los patos, los conejos y hasta los guajolotes. Cantaba “A la playa”, himno a su actividad favorita: las vacaciones.



Alexandra Arias Cordero. 13 años, segundo de secundaria. Su mayor talento estaba en la cocina, su platillo estrella eran los cupcakes, pero quizá lo que más le apasionaba era viajar. Su sueño era conocer París para comer postres y subir a la torre Eiffel.



Karla Rocha Martínez. 7 años, segundo de primaria. Coqueta, femenina, le encantaba posar cual modelo profesional, pero lo que más le apasionaba era el ballet. Para su cumpleaños pidió que una maestra le montara un baile para presentarlo ante sus invitados. Ese día lució espectacular.



Fernanda Meraz Escárpita. 14 años, tercero de secundaria. Creó su propio mundo de flores caminantes a través de extraordinarios dibujos. Era una joven fuera de lo común, feliz, protectora del ambiente, admiradora de las hadas y los duendes. Decía que quería ser médico, pero también presidente para hacer un mejor país.

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