“Tenemos 5 meses viajando, pues en Honduras está muy peligroso”

Sin agua y sin comida, su camino al sueño americano

Daniela, madre de Génesis, un pequeño de solo dos años, confesó que tuvo que dejar a uno de sus hijos en casa, con una amiga
Al menos 102 menores de edad fueron encontrados en los pequeños caminos de General Bravo. (Foto: Francisco Zúñiga)

Francisco Zúñiga

Cada uno de los 218 migrantes que fue localizado ayer en el municipio de General Bravo tiene una historia, alguna más llegadora que otra.

Daniela viene de Honduras, con su hijo Génesis, de apenas dos años, estuvieron en los caminos de este municipio de la zona norte de Nuevo León, esperando para poder cruzar la frontera.

El pequeño, rechoncho y moreno, luce una sonrisa espontánea, tan amplia y alegre que nadie creería que acaba de pasar todo un drama.

“Tenemos cinco meses viajando, porque en Honduras la situación está muy peligrosa, yo saqué a este niño, pero tuve que dejar a mi otro hijo con una señora, amiga”.

Génesis fue el último en ser encontrado. A pesar de su edad, supo esconderse tan bien que nadie lo ubicó.

“Cuando los hallamos, los niños estaban solos, porque cada persona se escondió donde pudo. Hubo una mujer que nos dijo que su niño no aparecía, y lo buscamos. Temíamos que cayera la noche y algún animal lo atacara si no lo encontrábamos”, dijo más tarde el secretario de Seguridad Pública en el Estado, Bernardo González Garza.

Pero al fin niño, Génesis salió de su escondite gracias a una jugosa oferta, cuando se dejó seducir un globo.

“Le hablaron por un altavoz y le prometieron que le iban a regalar un globo. A él le gustan mucho los globos, y fue así como salió”, relató la madre.

Entre el grupo de 218 migrantes ubicados ayer estaban 102 niños de todas las edades, algunos viajaban con sus dos padres, otros, solo con uno.

“Venimos de Guatemala, en el traslado algunos tenemos 15 días, otros 18 días, venimos en grupo”, relató Ángel, quien lleva a su hija Alejandra, de apenas seis años. La niña, abrazada a su papá, no mostraba temor.

Esto mientras eran atendidos por personal de diversas corporaciones.

“Teníamos cinco días, tomábamos poca agua, nos vinimos sin nada”, relata Mario Cano, guatemalteco, la odisea que pasaron esta semana, escondidos entre arbustos, y esperando el momento de acercarse a la frontera con Estados Unidos para cruzar.

Pero ayer, el sueño americano se volvió pesadilla, cuando, sedientos, con hambre, cansados y picoteados por los insectos, los 218 migrantes centroamericanos fueron localizados.

Aunque esto les sirvió, pues vieron con alivio la llegada de las autoridades, que los descubrieron en brechas de General Bravo.

Les faltaron 50 kilómetros para llegar a la margen del río Bravo y al menos en esta ocasión no lograron cruzarlo, aunque no descartan lo vuelvan a intentar luego.

Mientras los migrantes iban pasando a decir su nombre y nacionalidad, los pequeños corrían y jugaban como si estuvieran en un parque. Un elemento de Fuerza Civil llegó con un costal lleno de manzanas y repartió, junto con una bebida, a cada pequeño.

“Íbamos por el sueño americano, pero aquí se nos quedó”, comentó Rommel, un joven de unos 20 años. Muy delgado, de piel oscurecida por el sol que ha sufrido en su trayecto desde El Salvador, Rommel cuenta que su idea era llegar a Estados Unidos y trabajar para enviar dinero a su familia. Una historia muy repetida, pero siempre actual entre migrantes. “No sé, tengo que pensarle muy bien si regreso”, concluyó.

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