Me devolvieron la cámara y fotografié la necropsia: Víctor Palma, fotógrafo de Colosio

La campaña. Comparte a MILENIO esas imágenes y las del último día del candidato.
Palma reconoce que al priista le “encantaba el contacto con la gente, donde veía a alguien se paraba para preguntarle sus carencias”. (Nelly Salas)
Palma reconoce que al priista le “encantaba el contacto con la gente, donde veía a alguien se paraba para preguntarle sus carencias”. (Víctor Palma)

Jorge Almazán

El fotógrafo personal de Luis Donaldo Colosio durante la campaña presidencial de 1994, Víctor Palma, cuenta a MILENIO que el 23 de marzo de ese año, después del ataque en Lomas Taurinas, elementos del Estado Mayor Presidencial le quitaron el material gráfico de esos hechos, pero “desapareció” después de que trasladaron al candidato al Hospital General de Tijuana para tratar de salvarle la vida.

Palma también revela que pudo entrar a la necropsia e hizo algunas fotos, las cuales nadie le pidió y conservó estos 25 años, en las cuales se observa un segundo balazo en el pecho y no a la altura del estómago.

El 6 de marzo de 1994 Luis Donaldo Colosio, candidato a la presidencia por el PRI, ofreció un discurso en el Monumento a la Revolución en el que señaló las graves prácticas de la concentración del poder, corrupción e impunidad. El presidente en turno era Carlos Salinas de Gortari.

Para el 23 de marzo la vida política en México cambió, en la colonia Lomas Taurinas, de Tijuana, Baja California, el sonorense que mes y medio antes había cumplido 44 años fue asesinado.

—¿Cómo fue la campaña de Colosio?

—Muy rara. Estuve con él desde el destape el 28 de noviembre de 1993. Yo participé en la campaña de Miguel de la Madrid (1982) y en la de Salinas de Gortari (1988), y siempre estrenábamos equipo, pero con él no y se redujo el personal que lo acompañaría, además, 95 por ciento de sus recorridos fue por tierra.

—¿No le gustaba volar?

—Le encantaba el contacto con la gente. Usaba un camión con una oficinita y si veía a alguien en la carretera paraba la caravana para bajar y preguntarle sus necesidades, los atendía en el camión y si era necesario se los llevaba al pueblo siguiente y los regresaba en un carro.

—¿Cómo era él?

—En corto, estricto, malhablado, pero con buena vibra, muy humano, carismático, carita; las mujeres se le acercaban y le decían Chulosio.

—¿Qué ocurrió con Camacho Solís?

—El 22 de marzo, antes de ir a un encuentro con mujeres en Culiacán, Sinaloa, hizo una conferencia exprés para avisar que Manuel dijo que se dedicaría al tema del EZLN, todos nos pusimos alegres.

—¿Cómo inició el candidato el 23 de marzo?

—Con una carrera, siempre lo hacía (salir a correr). Yo salí temprano hacia Tijuana, donde lo esperaría, pero se lo llevaron a un evento que no estaba programado a la colonia Lomas Taurinas.

—¿No estaba agendado?

—No, y fue muy difícil que llegara, pues es una zona como Cuautepec Barrio Alto, en Ciudad de México. Se suponía que no habría tanta gente, era un evento patito, y muchos reporteros y fotógrafos se fueron a San Diego, California, de compras.

—¿Quién lo llevó ahí?

—No sé, ni los de logística estaban, fue una gran desorganización, muchísima gente y él no podían ni caminar. No había templete, por eso se subió a la parte de atrás de una camioneta y comenzó a hablar.

—¿Qué pasó después?

—Caminó, yo me adelanté para hacer una panorámica cuando escuché que le habían disparado, corrí pero me equivoqué de tumulto y llegué adonde estaba el que supuestamente lo había hecho, después supimos que se llamaba Mario Aburto.

—¿Cómo estaba?

—Iba muy madreado, la gente le lanzaba piedras, le pegaba con palos y uno del Estado Mayor lo llevaba encañonado en la cabeza. Cuando lo presentaron solo tenía una bendita en una ceja y rasurado, para nosotros no era el mismo. Por cierto, los pocos del Estado Mayor (encargados de la seguridad del candidato) que estaban nos quitaron los rollos fotográficos del evento, material que nunca llegó a Presidencia, me consta.

—¿Que viste en el hospital adonde lo llevaron?

—Tenían listo un helicóptero para llevarlo a San Diego, pero como a las 7 de la noche Liébano Sáenz (en ese entones secretario de Información y Propaganda de la campaña) salió a informar que había muerto.

—¿Estuviste en la necropsia?

—Sí. Me quitaron las dos cámaras que traía y me metieron por otro lado, me regresaron una y comencé a trabajar... resulta que no solo tenía un balazo en la cabeza, sino otro a la altura del pecho. Además, el Estado Mayor desapareció, un camarógrafo del PRI acabó cuidando la puerta del quirófano. Yo recogí sus pertenencias y se las entregué al mayor (Germán González) Castillo, quien estaba en otro cuarto con Diana Laura (Riojas, esposa de Colosio). Me salí de hospital y nunca me pidieron los rollos de la necropsia.

—¿Qué siguió para ti?

—Regresé al PRI. Ahí sonaba que (Fernando) Ortiz Arana iba a ser el candidato, pero fue Ernesto Zedillo y me fui a la campaña. Un día estábamos en Colima varios compañeros que nos tocó el asesinato, nos pusimos una borrachera y todos lloramos.

PERFIL

VÍCTOR PALMA

FOTÓGRAFO.

Como director de fotografía del PRI cubrió las campañas de Miguel de la Madrid (1982), Carlos Salinas de Gortari (1988) y Ernesto Zedillo (1993). Dejó el PRI para ser el fotógrafo de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. En 2000 laboró en el gobierno de la ciudad en la administración de Andrés Manuel López Obrador y desde entonces ha sido parte de distintas dependencias en Ciudad de México.


NOTAS MÁS VISTAS