Monógamo serial, cinta negra en TKD y teatrero regular: Luis Donaldo Colosio Riojas

Entrevista

Fanático del boxeo, el café exprés y los chiles rellenos, el diputado neoleonés admite que su nombre pesa: “Las victorias son porque soy hijo de Colosio, pero las derrotas son porque me quedó grande el apellido”.
El 23 de marzo es un fecha tediosa, no dolorosa; soy agradecido hasta con mis tragedias. (Leonel Rocha)

César Cubero

A un día del 25 aniversario luctuoso de su padre, Luis Donaldo Colosio Riojas (Sonora, 1985) asegura que con el tiempo aprendió a perdonar, a entender, a no estancarse en el dolor, a forjarse como persona y a salir adelante, luego de la tragedia ocurrida en Lomas Taurinas, Tijuana.

Nació en Magdalena de Kino, porque su padre quiso “a fuerza” que fuera ahí; tiene 33 años y ha sido estudiante, artista, diplomático, activista social y actualmente se desempeña como diputado de Nuevo León.

Sobre su infancia, cuenta que le encantaban las caricaturas: “Me gustaba jugar a ser uno de los personajes de los Power Rangers”.

También dice estar empeñado en volver a montar un musical, y una de sus metas es tener el honor de representar a México ante las Naciones Unidas.

¿Cómo fue su niñez?

Fue normal, creo. Teníamos un perro, Yori, me gustaban y siguen gustando mucho las caricaturas, salía a jugar o invitaba a la casa a algunos amigos.

¿Se puede tener amigos cuando se es parte de una familia como la suya?

Sí, sobre todo porque en esos años mi papá todavía no se convertía en la figura que llegó a ser. Conforme iba avanzando el tiempo, a mi papá lo veía menos, pero no dejaba de involucrarse. A mí me decía que él y yo éramos mejores amigos, y me gusta pensar que lo fuimos.

¿Algún cambio importante?

Cuando mi papá pasó de ser secretario de Sedesol a ser candidato a la Presidencia comenzó a tomar demasiada relevancia, entonces la gente empezó a tratarme distinto, sobre todo la adulta. A los niños nos valía madre, incluso hubo padres que le decían a sus hijos: “Júntate más con Luis Donaldo”.

Pasó lo que pasó... llegó la adolescencia, ¿qué siguió?

Ya en Monterrey me sentí mucho muy atraído por el teatro, por el cine, por la lectura y por la televisión. Empecé a participar en obras, pastorelas, revistas musicales; también me involucré en talleres de escritura y literatura.

¿Era bueno en el teatro?

Moderadamente, pero tampoco un fiasco.

¿Fue noviero?

Fui un monógamo serial, tuve noviazgos largos, nunca estuve solo durante mucho tiempo.

¿Cómo le fue como productor de espectáculos?

La cúspide de esa minicarrera fue cuando montamos Los productores, en abril de 2009. Ese año fue muy especial para mí, porque terminé la carrera. Fundé el despacho de abogados, fue el año del brote de influenza; me cerraron el teatro, no pude recuperar mi inversión ni continuar con la obra, quedé en bancarrota... también fue el año en que me casé.

¿Qué lo hace feliz?

Mi familia, lo más bonito que me ha pasado es estar con mi esposa y mis dos hijos. El día de hoy, donde estoy y quien soy, es gracias a todo lo que me ha ocurrido. Soy dichoso y agradecido hasta con mis tragedias.

¿Qué representan los abuelos en su formación?

Me han servido mucho para conocer a mis padres, me ayudaron a lidiar con la pérdida y no estancarse en el dolor; me ayudaron a entender, a soltar, a perdonar, a salir adelante, se dice fácil pero sí me llevó muchos años el poder llegar a tener esta actitud.

¿Qué representa el 23 de marzo?

Es una fecha tediosa, no dolorosa; sin embargo, nos da la oportunidad como familia de hacerle a mi papá un homenaje más ameno, más íntimo, más genuino, no tan protocolario.

¿Y el 18 de noviembre?

Quizá el aniversario luctuoso de mi madre no es una fecha tan mediática, pero para mí es igual de emblemática.

¿Cómo es la relación con su hermana?

Excelente, se convirtió en más que una relación de hermanos, a veces en una de padre e hija, de mejores amigos, tenemos una personalidad muy similar, la amo.

¿Qué te gusta?

Trabajar por la gente, leer mucho; hice taekwondo, fui cinta negra y ahora practico kick box francés. Las artes marciales siempre me han gustado.

¿Ha sido pesado llamarse cómo se llama?

Sí, para bien y para mal, porque durante mucho tiempo vas generando mucha empatía, pero también mucha lástima; mucho amor, pero también mucho rencor; mucha cercanía con gente desconocida, pero mucha lejanía con la familia.

Las victorias son porque soy hijo de Colosio, pero las derrotas son porque me quedó grande el apellido.

¿Se ve como alcalde, gobernador o presidente?

Me metí al servicio público porque me gusta ayudar, me siento preparado para ser un muy buen legislador local. No me voy a dejar de preparar, porque cada vez que accedes a otro cargo, puedes apoyar a más gente. No voy a tomar un paso sin antes estar listo para ejecutarlo bien, pero no descarto ninguno.

¿Algún libro que lo haya hecho llorar?

Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach, porque me enseñó de perseverancia y paciencia.

¿Cuál es su libro favorito?

La Tregua, de Mario Benedetti.

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