Cuando estaba perdido, mi padre me colgó mi futuro al cuello: Juan Carlos Morales

Entrevista

Profesional de la lente por castigo, durante 14 años ha seguido los pasos de Peña y experimentado la “adrenalina” de las giras internacionales; “lo demás está fuera de foco”.
Acepta que además de la experiencia profesional, su trabajo también le ha enseñado a ser “mañoso”. (Omar Franco)

Daniel Venegas

Durante los últimos 14 años, Juan Carlos Morales ha seguido casi a diario los pasos de Enrique Peña Nieto. Primero cuando el hoy Presidente era funcionario de la administración de Arturo Montiel en el Estado de México, después como candidato a la gubernatura de ese estado, como gobernador, como candidato a la grande y hasta llegar a Los Pinos.

Se confiesa “fotógrafo por castigo”, pues siendo adolescente, al reprobar la preparatoria, su padre, director entonces de un diario en Toluca, le puso una cámara al cuello y lo mandó a ganarse un salario como fotógrafo de sociales.

Hoy, a la distancia, recuerda ese momento y reflexiona: “Cuando estaba perdido, mi padre me colgó mi futuro al cuello”.

Su oficio le ha permitido presenciar reuniones con líderes mundiales y miembros de la monarquía, codo a codo con otros fotógrafos de fama mundial, como Pete Souza, el oficial de Barack Obama.

“En esas fotos no se puede fallar, son uno o dos segundos y eso es todo, el trabajo tiene que ser perfecto. Son como pequeños exámenes profesionales y hoy vivo mi graduación, porque una vez terminado el sexenio me retiro de la cobertura política”.

La charla se desarrolla en un estudio-galería-agencia que ha montado en la colonia Anzures, en Ciudad de México. Industria Fotográfica, empresa que fundó también en su juventud, será ahora asignación de tiempo completo.

Tras su paso por El Sol de Toluca decide estudiar fotografía en París, en la Escuela de Artes y Oficios, y seis años después, a su regreso a México, comienza a trabajar para editorial Televisa y de ahí surge la oportunidad de hacer un trabajo para el gobernador del Estado de México, Arturo Montiel.

Es ahí cuando conoce al entonces secretario de Administración, Enrique Peña Nieto, “quien ya era de los posibles gallos a la gubernatura” y lo invita a ser su fotógrafo. “De ahí seguimos en ese barco hasta ahora”.

De su trabajo en la Presidencia, lo que más satisfacción le ha causado es el golpe de adrenalina de las visitas de Estado, donde el equipo de fotografía tiene que armar a contrarreloj un álbum de la visita, para que Peña Nieto lo entregue a su homólogo al final del encuentro.

También las giras internacionales. “Esa adrenalina es lo más reconfortante. Subirse a un helicóptero con François Hollande (presidente de Francia 2012-2017) y Peña Nieto, sobrevolar Marsella, es espectacular, o entrar a la Casa Blanca y asistir a un encuentro con Obama; o estar parado junto a Vladímir Putin: son momentos de mucha adrenalina, porque el Presidente espera que le tome grandes fotos, pero tienes ahí a la KGB, la CIA, el Servicio Secreto. Hay que hacerlo en segundos antes de que te saquen”.

Juan Carlos acepta que además de la experiencia profesional que le ha dejado su trabajo, también le ha enseñado a ser “mañoso”.

“En el funeral de Shimon Peres en Israel tuve que esconder cámaras debajo del traje. Hay que ir junto al Presidente y hacer como que eres su cuate, o que eres su mano derecha y escabullirte entre toda la seguridad, que debe ser la más difícil y complicada para en un momento poder llegar a ver el féretro, a todos los presidentes sentados un lado de ti y decir: ‘ya llegue hasta aquí, necesito documentar’. Hasta ahí solo se habían escabullido dos o tres, uno de ellos Pete Souza, el fotógrafo de Obama, y Francisco Gómez, el del rey de España”.

También recuerda momentos difíciles, como cuando se llevó un buen regaño del Presidente, pues una foto que le interesaba, irrepetible, salió muy mal porque fue tomada en un lugar reducido y en condiciones difíciles.

“La foto salió de la chingada, el Presidente la vio y me dio una regañiza, pero esas cosas técnicas no se las puedes explicar. O la cagaste o lo hiciste bien, no hay otra”.

Reflexiona también sobre la ética periodística en distintos países. Por ejemplo en Francia, el Paris Match publicó una foto del presidente François Mitterrand en su lecho de muerte y se han publicado en Estados Unidos las de Obama en traje de baño saliendo de una ola.

“Me dicen, aquí no vemos eso. Sí existen, pero son muy diferentes los países y la forma de verlo desde el punto de vista de la comunicación. En este sistema político aprendí cómo funciona la comunicación. No es una censura, es una ética nacional. En Rusia puedes ver a Putin encima de un oso, aquí es muy diferente”.

¿Le cambiarías algo a estos 14 años?

No, nada, es lo único que me puedo llevar a la tumba, todas estas experiencias, ya todo lo demás queda fuera de foco.

NOTAS MÁS VISTAS