Soy mejor panadero que contralor: Victorino Barrios

Entrevista

El histórico contralor del Poder Legislativo hace una revisión de su vida, desde su infancia, allá en un pueblo sin luz ni agua.
Oficio. (Especial)
Contralor. (Iván Carmona)

Claudia Hidalgo

Fiel al dicho mazahua, el contralor del Poder Legislativo, Victorino Barrios Dávalos, reconoce que tiene las tres características para ser feliz en la vida: 

Su profesión como economista, su oficio de panadero y la gracia de saber boxeo.

Desde los 11 años su trabajo y pasión es hacer pan. Vivió y vive en una panadería en Tonatico, donde construyó su oficina justo arriba del horno para que no tenga frío, y en fines de semana pueda despachar asuntos oficiales así como tomar los pedidos de sus clientes, quienes piden como principal condición que él haga este alimento.

Del boxeo sólo quedan recuerdos y algunas cicatrices. Los golpes lo sacaron de muchos apuros porque le enseñaron a no medirse por la estatura pero sí a ser osado.

Originario de Guerrero, llegó a vivir a Tonatico, asombrado por la gran urbe que era en esos tiempos. Flaquito, bajito y chillón, el boxeo callejero le sirvió para poner en su lugar a los “grandotes y ponchados” sin tenerle miedo a nadie ni salir muy lastimado.




¿Desde cuándo hace pan?

Viví en una panadería, un tío me enseñó y logré establecer una extraordinaria amistad con él. Entre otras cosas también me instruyó en el box, él era boxeador. 

El boxeo era la gracia. Llegué de Guerrero, de un ranchito de no más de 50 personas donde no había luz, ni agua, a una población que para mí era una urbe con calles, luz, agua, drenaje. 

Fue un gran cambio y ahí empecé. Primero a barrer, limpiar charolas, lavar los cuchillos y a veces, cuando había oportunidad, a empezar a sustituir a los maestros. A los 15 años ya sabía hacer casi todo. Hay panes que aprendes el mismo día, como la telera, en otros tardas 20 días. 

Lo importante es calcular cuánto vapor necesita porque este es pan de vapor, se le echa mucha agua, está muy hidratado.

Por eso el industrializado es muy doradito en los primeros 120 minutos, después se deshidrata, se hace correoso y poco comible.


LA ROSCA DE REYES 



El 4 de enero estuve haciendo roscas de reyes, la diferencia es que yo les pongo cinco por ciento de salvado y saben distinto, se digieren mejor. 

Como pan todos los días, de todos lados, de todas las comerciales que se conoce pero prefiero el de los pueblos y no me gusta el que contiene manteca de cerdo. 

Es un mito que el pan engorda, depende el tipo y no hay que confundirlo con los pasteles, porque esos tienen mucha azúcar y grasas. Me ha tocado hacer pan en muchos lugares. 

En una ocasión eché una apuesta con un panadero de Londres; me quedaba en un cuarto a un lado y le dije que me salían mejor los birotes que a él. Lo mismo en Guatemala... en Cuba.

En México he hecho en Acapulco y Tamaulipas; también me fui de "mojado" a Estados Unidos. Siento que soy mejor panadero que profesor universitario y contralor. Me encanta, soy feliz en mi panadería.


¿Por qué el boxeo?


Me enseñó mucho porque me veía debilucho, chiquito y chillón. Mi origen es muy humilde, llegué de huaraches a una sociedad donde los chamaquitos me veían raro; era como un indígena náhuatl, alguna vez me golpearon y mi tío se acercó a decirme: ya no llores.

Me compró unos guantes y una perita a mi medida, con eso empecé. Era boxeo callejero, llegué a asistir a los gimnasios a entrenar, estuve a punto de subirme a las cuerdas. Hice sparring. En aquellos tiempos era para defenderme de los grandotes y sí me sirvió.


¿Otros deportes, pasatiempos? 

Natación. En el pueblo del que vengo había un río; en la primaria fui el representante de mi escuela para los clavados de hasta 12 metros. Era medio osado. Concursaba en natación y matemáticas, es lo que me gustaba.

Leo muchas cosas por necesidad, por actualizarme, pero muy poco por placer porque no me da tiempo. Me encanta García Márquez, ahorita quiero darle una repasada al libro de Luis Spota, “Un día después”, para imaginarme como estará Peña Nieto.

Hay uno que empecé a leer desde niño, de hecho creo que es el primero que leí, se llama “Un mexicano más”, de Juan Sánchez Andraka.

El cine me gusta pero me duermo cuando empieza la parte que ya conozco. Veo muchas películas de la Revolución, académicas. “Roma”, por ejemplo, por supuesto que me atrajo. 

¿Ha salido al extranjero? 

Sólo a dar conferencias: he estado en Chile, Colombia, Nicaragua, Honduras, Cuba, Nueva York e Inglaterra, para hablar de transparencia y rendición de cuentas.


¿Desde cuándo da clases? 

Desde octubre del 91 a la fecha he dado clases. He pasado por tres facultades: Humanidades; Planeación Urbana y Territorial y Economía.


Aparte de Economía estudié Derecho, pero confieso que no me he titulado. Ya estoy empezando los trámites para entrar otra vez a la UNAM, quiero ese perfil de una escuela pública. 

¿Ha sido maestro y alumno?


Sí, me ha tocado que mis alumnos sean mis profesores. Me da gusto, les digo: “no te pongas nervioso, voy a cumplir con lo que yo te pedía”. 


Sigo siendo el mismo.


LC


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