Las abejas trabajan de día, los herbicidas deben hacerlo de noche

José Manuel Sánchez

Con más de 30 años dedicado a cultivar melones, ha sido testigo en primera línea de cómo el cambio climático trajo nuevos retos que se capotean con innovación tecnológica y espeto a la naturaleza.
José Manuel Sánchez, ingeniero agrónomo que ha dedicado su vida a cuidar de la tierra, los melones y las abejas. (Foto: Juan Carlos Bautista).

Marisol Robles

Hace 32 años que José Manuel Sánchez se dedica de forma profesional a cuidar la tierra, pero en realidad tiene toda la vida aprendiendo a detalle de ella, desde que era niño y acompañaba a su papá, que era agricultor. “Mientras iba con él me surgían muchas preguntas” recuerda y hallar esas respuestas fue lo que lo llevó a estudiar ingeniería en agronomía.

Cada día se despierta a las 5 de la mañana y desde muy temprano, con el sombrero puesto, sale de su casa para dedicarse a lo que le más le gusta: cuidar uno de los frutos que más respeta y cuida, como es el melón.

Cuando José Manuel llega al rancho en Guerrero a las 6 de la mañana, empieza a repartir labores con su equipo de cosecha, con el de siembra, con el de trasplante porque tiene un encargado para cada área, además de ingenieros que se encargan de la nutrición y de los riegos.

Perfil. José Manuel Sánchez.

lugar

Cd Altamirano, Guerrero

Cultivo

Melones

Desde hace

32 años

"Para los agrónomos nos han cambiado las condiciones, nos tenemos que ir adaptando. Tenemos que ir actualizándonos".


Se trata de un gran engranaje humano que actúa para que el mejor melón llegue a los consumidores más exigentes.

Este hombre fuerte, entero y respetuoso, deja ver como le brillan los ojos cuando habla de lo que le apasiona que es ni más ni menos que lograr que sus frutos sean lo más sanos, que puedan competir en diferentes mercados, pero también cuando traza la historia que le ha tocado vivir en estos años, la de su campo.

"Antes había menos plagas y menos enfermedades porque los climas era más estables, ahora enfrentamos el cambio climático y ahora sí se tiene que echar mano de muchas herramientas. A los agrónomos nos han cambiado las condiciones, nos tenemos que ir adaptando, actualizándonos", dice.

Si bien hay secretos de la producción que guarda bajo siete llaves, hay otros que prefiere compartir con los demás, como que "antes había insecticidas para controlar plagas como mosca blanca, que eran de alto espectro y que mataban todo. La ideología de los agrónomos de antes era que cayera muerta. Ahora hay moléculas nuevas que nos ayudan a controlar las plagas sin dañar y respetan a los insectos que son nuestros amigos".

Con las semillas pasa algo similar, porque “antes se sembraban semillas con variedades, que se iban aclimatando, pero hoy las casas semilleras están produciendo semillas híbridas con mejores plantas que son más resistentes a enfermedades y plagas", agrega.

Estos dos focos son en los que se basa buena parte de su éxito de producir en cada cosecha melones dulces, frescos y con mayor vida de anaquel.

La paz de las abejas 

 Al atardecer supervisa que los envíos de melón vayan a su nuevo destino. Mientras él toma un respiro para prepararse para el día siguiente en que la dulzura y firmeza de lo que siembra lo lleva a saber que hace lo correcto.

"Nos da un orgullo cuando siembras algo y cosechas bien, cuando produces, cuando el trabajo produce frutos".

Él busca que su melón sea lo más limpio posible en cuestiones de agroquímicos, porque siempre está pensando en sus consumidores. Sabe que para lograrlo solo es cuestión de elegir bien y tener un buen programa de control de plagas.

"Terminé la carrera de agrónomo, mi padre era agricultor, y cuando no estaba estudiando estaba con él en el campo".

José Manuel Sánchez

Agrónomo


El melón es un cultivo donde la polinización juega un papel muy importante. 

Las abejas son las encargadas de que suceda, de ellas dependen los buenos rendimiento. "Hay que cuidarlas, conservarlas, no hacer aplicaciones diurnas, que es cuando ellas andan trabajando, hay que hacer aplicaciones de noche y con insecticidas que sean benévolos, que no las agredan", confiesa.

A pesar de que hay pocos apicultores en la zona, todavía se puede disfrutar de una comunidad grande de abejas salvajes que tienen colmenas silvestres. José Manuel y su equipo las cuidan con dedicación absoluta porque de ellas depende mucho su trabajo.
Una de sus grandes satisfacciones también ocurren de mañana, cuando en sus recorridos al alba ve sus cultivo llenos de abejas, una garantía de que la cosecha marchará bien.


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