Maquinista del tren descarrilado en Galicia pide perdón y revela falta de medidas de seguridad

La situación ocurrió en 2013, donde 80 personas fallecieron y 145 quedaron lesionadas.

El maquinista, identificado como Francisco José Garzón, estuvo al interior del tren. | EFE
José Antonio López
España /

Francisco José Garzón, el conductor del tren accidentado en Santiago de Compostela (Galicia, norte de España), en el que hace casi diez años 80 personas fallecieron y 145 resultaron heridas, declaró hoy en el segundo día del juicio y aseguró que la llamada telefónica recibida minutos antes del accidente era de trabajo y no le distrajo, que en la curva en que se descarriló el convoy no había ningún tipo de señal y que todo se produjo por la falta de medidas de seguridad. 

El maquinista nuevamente pidió perdón y empezó su declaración entre lágrimas, por lo que varias veces se tuvo que interrumpir su testimonio ante los jueces. Su declaración duró 55 minutos y solo respondió preguntas de su abogado defensor, Manuel Prieto, y en ocasiones a las aclaraciones solicitadas por la jueza.

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Las preguntas de su representante estuvieron encaminadas a enfatizar que cumplió en todo momento la normativa vigente y que ningún elemento de seguridad impedía que entrara en la curva de A Grandeira a una velocidad muy superior a los 80 kilómetros por hora marcados.

“Se podía llegar a la curva a 200 kilómetros por hora sin incumplir la señalización y el libro horario”, aseguró el maquinista.

En el accidente del tren Alvia, que viajaba de Madrid a Ferrol (Galicia), el tren, que se trasladaba a exceso de velocidad, descarriló en plena curva, a unos tres kilómetros antes de llegar a la estación de Santiago de Compostela.

Cuando el maquinista pulsó el freno de emergencia, el velocímetro del convoy marcaba 153 kilómetros por hora. Casi el doble de la velocidad permitida para tomar la curva.

Consciente del exceso de velocidad, el maquinista, que había hecho el mismo recorrido 59 veces en lo que iba del año, trató de controlar el violento impacto cuatro segundos después de que el tren comenzara a descarrilar a 179 kilómetros por hora. Pero nada pudo hacer. El transporte recorrió, descontrolado, casi medio kilómetro hasta que la máquina se detuvo.

Sostiene que la llamada no le distrajo

La defensa del maquinista insistió en que Francisco José Garzón no recibió formación específica sobre la circulación con alta velocidad en la línea Santiago-Ourense. También en que no existía señalización suficiente y explicó que la llamada telefónica que recibió momentos antes del accidente era algo habitual porque el teléfono móvil era corporativo y estaba obligado a responder a las llamadas de trabajo.

Garzón reiteró su petición de perdón a las víctimas, pero volvió a señalar que la responsabilidad fue de la falta de medidas de seguridad en una curva que era peligrosa y que él ya lo había advertido.

“Frené, pero fue imposible”, dijo. También sostuvo con rotundidad que con las medidas que se implementaron tras la tragedia, el accidente no se habría producido aunque él hiciera lo mismo que aquella tarde del 24 de julio del 2013.

“Me reitero en que las víctimas me perdonen. Pero fue un accidente, no pude evitarlo”, expresó entre sollozos el maquinista en la parte final de su declaración.

En este juicio hay dos acusados: el conductor, y el ex director de seguridad de Adif (el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), Andrés Cortabitarte, a los que la Fiscalía imputa 80 supuestos delitos de homicidio, 145 de lesiones y uno de daños, por imprudencia profesional grave. Pide cuatro años de cárcel para ambos, lo mismo que la plataforma de víctimas. Cortabitarte declarará la próxima semana.

El juicio se realiza en la Ciudad de la Cultura Santiago de Compostela. Las víctimas y sus familiares reclaman por daños y perjuicios en materia de responsabilidad civil casi 58 millones de euros.

Las personas y entidades contra las que se dirige la acusación La aseguradora de la Red Nacional de Ferrocarriles de España, (Renfe), la aseguradora Allianz Global, la propia Renfe y los dos acusados. Se prevé que el juicio finalice dentro de nueve meses.

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